Lo ocurrido en el Senado de la República entre el ministro del Interior, señor César Astudillo, y el legislador, señor Iber Maraví, no pasa de ser una versión más de los incidentes que, en el calor del debate, se registran en otros hemiciclos que funcionan más allá de nuestras fronteras. No es lo correcto cuando se trata de intercambiar criterios sobre problemas tan delicados como el de la seguridad ciudadana. Pero tampoco es para alarmarse, porque si bien el señor ministro no tenía que reaccionar como lo hizo, tampoco el señor senador debió haber caído en el juego de quien le debía respeto por su condición de representante de la ciudadanía por mandato electoral.
Es cierto que el Senado debería actuar en forma reflexiva, sin llegar a los extremos que podrían registrarse en la Cámara de Diputados, considerada la cámara política; pero de allí a que el señor ministro se sienta empoderado para evitar las críticas, equivocadas o no, hay mucha distancia. Sin embargo, tomar el hecho como algo inusual y llevar el incidente a extremos puede calificarse como una negación de lo que se conoce como la palabra pública. Hubo olvido en el cumplimiento del reglamento, eso es evidente; otra cosa es la connotación que se le ha querido dar. Las bravatas y las palabras altisonantes no dejarán de estar presentes más de una vez. No les vamos a recomendar a los protagonistas que caminen con sus pastillitas para los nervios, pero sí es menester que se comprenda a qué viene tanto brinco si el suelo está parejo. La palabra acalorada y la respuesta inesperada se van a repetir si los protagonistas no se dan cuenta de que hace falta mayor ecuanimidad y tolerancia, si realmente se quiere solucionar problemas tan urgentes y delicados como la seguridad ciudadana. A nadie se le debe acabar la paciencia. Al contrario, es tan dramática la situación en la que vive el pueblo por culpa del crimen organizado que gobernantes y gobernados debemos contribuir a desarrollar una cultura de diálogo constructivo. Amén.
La Mancheta: el debate entre posiciones opuestas como camino a la concertación
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