Más de 20 personas ávidas de repetir el plato —en este caso concreto, de continuar como alcaldes provinciales o distritales— tendrán que llorar sus penas, porque eso no ocurrirá. El Jurado Nacional de Elecciones se ha demorado en tomar una decisión sobre lo que está claramente escrito en la Constitución Política del Estado: no hay reelección inmediata para los alcaldes.
No solo tendrán que llorar sus penas, sino que también deberán hacer un acto de contrición, sobre todo porque la ley obliga a todos los ciudadanos a cumplirla —en este caso, la Carta Magna—. Solo así aportarán positivamente para que algún día la democracia peruana sea real y no puro cuento.
Por tratarse de un personaje popular, lo ocurrido debe haber golpeado a Rafael López Aliaga, quien ahora quiere seguir con sus alegatos callejeros, cuando en realidad algunos de los constitucionalistas que lo asesoran, según se ha hecho público, le deben haber dicho que nadie puede ir contra el mandato constitucional ni pisotearlo.
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Y eso mismo deben entender aquellos nefandos personajes metidos en política que, por su ignorancia, están convencidos de que pueden zurrarse en lo que está prescrito de manera muy clara y rotunda.
¿Mala suerte? De ninguna manera: es única y simplemente viveza criolla de aquellos que creen que todavía viven en épocas ya pasadas, cuando con algo de poder podían hacer lo que les daba la gana.
Bien por el Jurado Nacional de Elecciones. Ahora hay que seguir este ejemplo para que las elecciones sean realmente democráticas.
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