“Evita, vicepresidenta”: el día que el peronismo quiso cambiar la historia

shadow

 

Se trató del punto más alto en la consagración política de la entonces primera dama y mujer de Juan Domingo Perón, un acto en el que cientos de miles de personas llenaron las calles de Buenos Aires para pedirle al matrimonio presidencial que compartieran la fórmula electoral.

Eva Perón es uno de los personajes políticos fundamentales de la historia argentina, una afirmación que se enaltece por su condición de mujer y por la particularidad de no haber ejercido cargos públicos. Pero esto último estuvo a punto de no ser así, en un año que fue clave para la consolidación del peronismo.

Faltaban algunos meses para las elecciones presidenciales de 1951 y las presiones internas dentro de los partidos movilizaban el clima del país aunque se descontaba la segura victoria y reelección de Perón.

Nadie en el movimiento dudaba del lugar imprescindible de Eva, quien ejerció siempre de nexo entre el presidente y los sindicatos a través de la Confederación General del Trabajo (CGT), además de coordinar las principales fundaciones de asistencia a mujeres, ancianos y niños en situación de vulnerabilidad.

“¿Quién propone la idea de la candidatura de Evita a la vicepresidencia? No la propone Perón, ni el partido peronista sino la CGT, que veía en esto la posibilidad de consolidar su posición dentro del armado del peronismo”, dijo a Sputnik Santiago Régolo, investigador del Museo Evita.

Ya en febrero de ese año, los gremios habían hecho la solicitud formal al presidente, pero todavía era demasiado temprano, se les dijo. La espera no pudo más el 22 de agosto, luego de que la principal fuerza de oposición definiera sus candidatos.

La CGT, junto al Partido Peronista Femenino, organizaron un multitudinario cabildo abierto sobre la Avenida 9 de julio, donde, bajo un gran cartel que leía “Perón-Perón (1952-1957) La fórmula de la patria”, se armó un escenario a la espera de las confirmación de parte de sus líderes.

“Con el General Perón en el Gobierno, el puesto de vicepresidente no es más que un honor y yo aspiro nada más que al honor del cariño de los humildes de mi patria”, dijo Evita ese día en su discurso, y pidió unos días para pensarlo.

“Si Eva era finalmente electa estaba segunda en la línea de sucesión, lo cual generaba resistencia en los militares, la oposición e incluso en sectores dentro del peronismo no cercanos a la primera dama. Si algo pasaba con Perón quedaría ella como presidenta y Comandante en Jefa de las Fuerzas Armadas, cosa complicada para la época. Además, por su vinculación tan directa con la CGT, temían que eso pudiera desbalancear el poder hacia el sindicalismo”, explicó Régolo.

Debido a la masividad del acto del 22 de agosto, muchos de quienes acudieron se quedaron con la idea de que había aceptado. Nueve días después, el 31 de agosto, declinará a esta oportunidad de postularse a la vicepresidencia en un mensaje radiofónico que se conoce como su “renunciamiento histórico”.

En esa época, Eva comienza a sentir los síntomas del cáncer que finalmente le causará la muerte el 26 de julio de 1952. La figura de Evita, tanto en vida como después de su transformación en símbolo, es imprescindible para la historia política argentina, y su vigencia sigue presente en la actualidad, cuando se cumplen cien años de su nacimiento. (Sputnik)