Salvo algunas intervenciones que son dignas de tener en cuenta, los primeros debates en público y transmitidas en directo por radio y televisión, de los candidatos a presidencia de la República, han dejado en evidencia que en nuestro país no hay políticos de verdad, es decir preparados para tan alta misión y, mucho menos, personas que tengan tal preparación en lo político, económico y social que puedan ser considerados como estadistas. El futuro de la gobernanza, en consecuencia, en los próximos cinco años, no guarda sintonía con las expectativas de una ciudadanía que cada vez se siente más frustrada.
La demagogia, el populismo, el aventurerismo, se están dando la mano como nunca antes había ocurrido. El discurso en líneas generales de los candidatos lejos de constituirse en promesas que podrían cautivar a los electores, están dejando el precedente de un torneo de agravios personales, insultos lumpenescos y engaños que ni el más inocente de los pobladores de estas tierras, podría tomar en serio.
Como ejemplo de lo dicho están casos como aquel que ofrecen un millón de departamentos a precio de ganga y sin intereses para los jóvenes que así lo necesitan, afirmar que condenarán a cadena perpetua a los más altos funcionarios de los poderes del Estado, no pasa de ser un deseo, debido a que sanciones de esa naturaleza solo se podrían dar siempre y cuando la Constitución y las leyes lo permitan, prometer que las tierras andinas se convertirán milagrosamente en campos de cultivo, sobre todo de alimentos, es otra falsedad incalificable, cuando todavía no existen ni siquiera proyectos para la construcción de represas o de irrigación en esa región, transformar el Perú en un país de gran potencia industrial, es otro sueño irrealizable por ahora. Hacer del Perú el paraíso de los inversionistas extranjeros sin que existan tratativas previas y maduras, forma parte de ofertas que nunca se cumplirán.
Al margen de lo mencionado estos debates están sirviendo, si así se le puede llamar para que los candidatos lo utilicen para tratar de corruptos, ladrones, sinvergüenza, aprovechadores. Y esto no debe ser, porque quienes manejan ese tipo de palabrería, son tan ignorantes en política que no se dan cuenta de que se están descalificando. Existen en la lengua castellana otras formas de señalar los pecados mortales de aquellos que están gozando del poder político y quieren seguir disfrutando de ello. Así no se hace docencia ni se actúa con decencia.
Por lo demás quienes conducen este debate actúan con acierto en líneas generales, salvo el caso de quien censuró que un candidato dijera “viva el Perú carajo”, título este del hermoso poema de Jorge Donayre que Juan Álvarez recitó para darle vigor y esperanzas al sufrido pueblo peruano.
Mancheta: hay que rezarle a San Hilarión en procura de una buena elección el 12 de abril
Foto JNE Twitter
