Ciudad de Cusco: desalojan oficinas del Ministerio de Cultura por no pagar alquiler

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La escena presenta una realidad más tangible que simbólica: trabajadores embalan archivos, los muebles son desplazados abruptamente y las oficinas se cierran sin previo aviso. El desalojo de las instalaciones de la Dirección Desconcentrada de Cultura en Cusco no solo expone un problema administrativo, sino que revela una cadena de incumplimientos que contradicen lo que semanas atrás aseguró el Ministerio de Cultura.

En ese entonces, la entidad emitió un comunicado afirmando que no se produciría ningún desalojo y que las deudas acumuladas por concepto de alquiler serían canceladas. Nada de eso ocurrió. El resultado es concreto: dos inmuebles de tres niveles, ubicados en el sector de Huáscar, han sido desocupados, trasladándose las oficinas de manera improvisada a un nuevo local en Marcavalle.

El periodista Néstor Larico capturó en video el momento en que retiraban los muebles de oficina usados por el Ministerio de Cultura. Este hecho no solo desmiente las declaraciones oficiales del ministerio, sino que además compromete seriamente la posición de Susel Paredes, presidenta de la Comisión de Cultura del Congreso, quien había respaldado la información proporcionada por la cartera liderada por Fátima Altabás. La desinformación aquí no puede considerarse una simple equivocación, pues ha desencadenado consecuencias políticas y administrativas evidentes.

Daniel Estombelo, representante sindical, explicó que la medida se deriva de una deuda superior a 20 meses de alquiler. Según señaló, la responsabilidad recae en gestiones previas que incumplieron con los pagos. Sin embargo, aunque este argumento parece razonable, no resuelve el problema central: la persistencia en el incumplimiento y la falta de acción oportuna por parte de la administración actual.

En los locales desalojados operaban áreas fundamentales como la Dirección de Parques, oficinas administrativas, unidades técnicas y laboratorios, todas ahora reubicadas en condiciones provisionales. Los propios trabajadores advierten que esta transición no satisface los estándares mínimos operativos. En lugar de ser un plan estructurado para resolver la crisis, el traslado aparece como una reacción tardía ante un escenario que ya se veía venir.

El sindicato ha exigido informes técnicos para garantizar que el nuevo establecimiento cumpla con las normativas de seguridad y salud ocupacional. No es un punto menor: las deficiencias en infraestructura impactan directamente en la capacidad operativa y generan riesgos laborales evitables. Para un sector encargado de conservar el patrimonio cultural del país, la improvisación adquiere dimensiones aún más preocupantes.

Además del desalojo, Estombelo ha señalado otro factor alarmante: durante el último año, la entidad habría devuelto más de 25 millones de soles del presupuesto asignado. De este monto, más de 3 millones correspondían a gastos corrientes y más de 20 millones estaban destinados a inversión. Recursos disponibles que quedaron sin ejecutarse mientras la deuda por alquiler seguía creciendo hasta desembocar en la pérdida de los locales.

La paradoja salta a la vista: por un lado, falta de pago; por otro, subejecución presupuestal. Este panorama no se explica únicamente por problemas heredados de gestiones anteriores, sino también por una administración incapaz de corregir el rumbo. En términos prácticos, lo que queda es una gestión estatal que incumple, se contradice y actúa con retraso.

Este caso ya ha sido comunicado a las autoridades del sector y queda por ver si esta vez habrá una respuesta diferente. En Cusco, más allá del desalojo de las oficinas, lo que persiste es el testimonio palpable de una administración que prometió una cosa y ejecutó otra. Es momento de dejar las promesas vacías detrás, ministra Fátima Altabás.

Texto: WSV
Foto: Lima Gris
Video: Facebook Nueva Tv Nacional

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