Mancheta: ¿Dialogar no es pactar?

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La ciudadanía ya cuenta con una nueva estructura en el Poder Legislativo: Cámara de Diputados y Senado. No sabemos si esto hará feliz a los peruanos o si ahondará su tristeza; todo dependerá del trabajo que realicen ambos órganos parlamentarios.

Por su propia naturaleza, se anticipa que la Cámara de Diputados será el escenario de los debates más intensos, con frecuencia acalorados y hasta con intervenciones virulentas o agresividad física. En cambio, eso no debería ocurrir en el Senado, al que la ciudadanía suele llamar la «cámara reflexiva». En realidad, lo que está en juego es la cultura política y el conocimiento riguroso de los temas en debate, de modo que la discusión parlamentaria sea de utilidad real para la solución de los problemas económicos y sociales del país.

José Gálvez Barrenechea, Julio de la Piedra, Manuel Seoane, Luciano Castillo Colonna, Mario Polar Ugarteche, Raúl Porras Barrenechea, Carlos Malpica Rivarola y el emblemático Luis Alberto Sánchez son solo algunos de los nombres que prestigiaron el Senado de otrora. En ese fuero se buscaba con frecuencia el punto de encuentro entre ideas discrepantes. De allí que Ramiro Prialé —ante el rumor de que se fraguaba una coalición entre el Apra y la Unión Nacional Odriísta— no dudara en acuñar la célebre frase: «Dialogar no es pactar».

Así lo parecía, sobre todo porque los políticos apristas, en las décadas de 1930 y 1940, habían sufrido las más crueles y bárbaras persecuciones. La dictadura sanchecerrista en los treinta y la odriísta en los cuarenta y cincuenta fueron las responsables de esos hechos incalificables. Sin embargo, en contra de lo afirmado por Prialé, su máxima quedó en letra muerta: perseguidos y perseguidores se unieron, demostrando que en política todo es posible.

Esta memoria histórica cobra especial vigencia en la víspera de la elección de las mesas directivas tanto en el Senado como en Diputados. Aunque la suerte parece estar echada —pues el keikismo y el porkismo ya están amarrados—, se aguarda con expectativa qué decisión tomarán las bancadas opositoras. Habrá que esperar, porque la palabra pacto sigue flotando en el aire, a la espera de ver quiénes antepondrán los intereses del país a los apetitos particulares.

Título de España: expresión del trabajo serio

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