La mayoría de los gobernadores regionales y alcaldes virtualmente electos han comenzado a ratificar su firme voluntad de solucionar, en lo inmediato, los serios problemas de seguridad ciudadana y, al mismo tiempo, de llevar adelante las obras de infraestructura que requieren sus respectivas jurisdicciones. Para ello, coinciden en señalar que tocarán las puertas del Gobierno central con el objetivo de que les transfieran los recursos financieros tan necesarios en estos casos. En respuesta, la presidenta de la República ha declarado su mayor disposición para trabajar, codo a codo, con las citadas autoridades y, como se espera, hacer que la población de todos los rincones del territorio nacional disfrute de bienestar material y espiritual.
La mandataria ha hecho saber que se reunirá con las mencionadas autoridades virtualmente electas para trabajar de forma conjunta y armoniosa, sin distingos de ninguna clase, porque de por medio está la recuperación de la paz social y del progreso del país. Frases maravillosas: los aplausos ya se dejan sentir. Entretanto, los pobladores de la costa, la sierra y la Amazonía han comenzado a soñar con aquel futuro en el que, por fin, serán tratados como verdaderos seres humanos.
Sin embargo, también se escuchan voces disonantes que se preguntan de dónde saldrá el dinero para afrontar urgencias tan apremiantes como la seguridad ciudadana. A ello se suman los problemas que traerán El Niño global y El Niño costero, que demandarán buena parte del tiempo de gestión para reducir los daños al mínimo. Compleja es nuestra realidad, porque los enemigos de tan buenos propósitos —llámense minería ilegal, crimen organizado, extorsión o sicariato— continuarán en su vil labor con la misma intensidad con que lo hace el narcotráfico. En fin, las ilusiones flotan y las promesas se multiplican; ojalá que el desencanto no nos llegue demasiado pronto.
