El reloj del fantasma (II)

 

Bueno, pues. Este no es cuento y aunque no me lo contaron yo lo cuento. Y como ya les he hablado del elegantísimo personaje llamado Gino, que no era uno, sino dos, seguiremos con el tema.

De pronto, una tarde, el misterio interrumpió mi caminar. Una voz cavernosa surgió de un antro de borrachos, llamándome por mi nombre. Volví la cara y quedé petrificado al contemplar a un tipo miserablemente trajeado, arrastrándose por el piso y estirando la mano como quien pide una limosna.
Estaba, además, cubierto de escrófulas, con la barba crecida y evidenciando no haberse bañado jamás…Increíblemente, era Gino. Ni más, ni menos.

QUEDAR “DE UNA PIEZA”

En tal momento, supe lo que es quedarse mudo de asombro y en un supremo esfuerzo, pretendí preguntar qué le había pasado, pero él, cortó mis palabras gimiendo: ¡plata…dame plata!…
Sin salir de mi asombro, le alancé algunas monedas, pero él, me exigió: “Más… dame más…”, por lo cual, casi cataléptico, le entregué un par de billetes, para seguir mi camino, sin despertar plenamente de mi pesadilla ambulante.

Al anochecer, comenté el tema con algunos de mis contertulios cheleros, que, para mi sorpresa, tomaron con naturalidad la narración, precisándome: “Así es Gino”- y nada más.

En seguida, hube de sumergirme en diversos tratados psiquiátricos, para resultar averiguando la existencia de un fenómeno definido como “trastorno de la personalidad múltiple”, que, en sus variadas facetas, determina la vivencia de vidas paralelas y a veces, contrapuestas en quienes tienen la desgracia de padecer dicha alteración de la conducta.

DANDY Y MENDIGO

A partir de entonces, conversé muchas veces con Gino, en su faceta de dandy y cuando traté de abordar la existencia de su “otro yo”, me disuadió con un elegante gesto de su enjoyada mano, remarcando, además, que yo era un muchacho inteligente y que sólo debía dedicarme a “leer, escribir y vivir”, conforme habían hecho en su etapa formativa, los más grandes escritores del mundo.- “Algún día serás famoso y entonces, me comprenderás”, Solía decirme en tono cariñoso.

Muchas veces más, me topé con Gino. Con el mendigo y con el elegante caballero. Así llegué a aceptar, que él, no era uno, sino dos, aunque hasta hoy, me resulte difícil explicarlo, o comprenderlo plenamente. (MAÑANA: EL GOLPE MILITAR).

 

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