Lapadula llegó en el momento exacto

 

Gianluca Lapadula, feliz por triunfo de la Selección Peruana

La goleada dolorosa ante Colombia provocó la reacción ácida de todos lados porque ni modo podía coserse el forado del pobre desempeño en el estadio Nacional de Lima.

En Quito a más de 2,500 metros de altura el combinado bicolor se repuso, la compostura perdida se hizo erguida y con un triunfo de 2-1 fue un bálsamo para curar las heridas. Ya no interesa que Perú continúa colero pero ahora con una bolsa de emergencia a favor que puede servir para los partidos venideros rumbo a Qatar 2022.

En pocos días todo cambió. Fue prodigioso el resultado o fue la acostumbrada gitanería del futbolista peruano. En todo caso, el equipo mejoró enormemente. Se vio sacrificio y sacrificio. Una entrega total que fortalece el ánimo para hacer frente a los rivales que vengan luego de la participación en la Copa América.

Y ese lacrado resultado con envoltura fina colocado en la historia premundialista de Perú, apareció el nombre de Gianluca Lapadula. El futbolista nacido en Italia y madre peruana se convirtió en el conductor de la oncena para cerrar una actuación de 10 puntos.

Lapadula fue el jugador distinto en cancha. No posee el genio de César Cueto ni la gambeta del ‘Cholo’ Sotil pero tiene ‘otro’ fútbol. Más frontal, de visión panorámica para tener claro que el contragolpe es su arma letal para causar daño.  Cuando el adversario desnuda fisuras defensivas.

Lapadula sabe a qué juega y necesitaba un coro que lo acompañara. Ese complemento se hizo visible con Aladino` Cueva y Luis Advíncula. En las dos situaciones de gol, ambos clavaron dolorosas agujetas de muerte en el arco de Alexander Domínguez.

En el triunfo del 28 de marzo de 2017 ante la misma selección ecuatoriana el juego peruano tuvo el mismo condimento de poner la pelota en el piso y generar el fútbol que más sufre el rival.

Ecuador llegó al partido con el candor de ser el verdugo de Colombia y Uruguay en casa para un colchón de ilusión pese a la derrota ante Brasil en la jornada anterior.

Con ese afán y su idea de que ante el colero tenían cantada la suma de los tres puntos y potenciar la idea de meterse en zona de clasificación.

La apuesta les salió en desvarío de posibilidades truncas. Perú fue un soplete incandescente. Dos a 1 y la sensación de que se puede seguir sumando cuando enfrentemos a Uruguay, Venezuela y Bolivia en las fechas venideras.

Ricardo Gareca recobró el crédito que había perdido y no se equivocó en la alineación y tampoco en los cambios. Todo bien y esperemos que ese cariño no se pierda en el camino.

 

 

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