Hoy hacemos un alto en las anécdotas y vivencias de nuestros inolvidables cracks del fútbol peruano para sumergirnos en un recuerdo apasionante: un 20 de agosto de 1975, Juan Carlos Oblitas, el «Ciego» querido, inscribió su nombre con letras de oro en la historia de la Copa América. Cincuenta años y apenas unos días han pasado desde que en Matute la selección peruana, con garra y talento, derrotó a Chile 3 a 1, un marcador que pavimentó el camino hacia las semifinales y luego al posterior titulo del Sudamericano de ese año.
El ambiente en el Estadio de Alianza Lima era de pura efervescencia. Perú y Chile se batían en un duelo crucial por la Copa América de 1975. Y en medio de esa intensidad, llegó un momento de pura magia. Percy Rojas, por la banda derecha, desbordó con maestría. Regateó dos veces al marcador chileno, hizo un amague que descolocó a sus oponentes y sacó un centro impecable. La pelota viajó al corazón del área chilena, donde Juan Carlos Oblitas esperaba, rodeado por tres defensores rivales.
Lo que vino después fue una jugada de pura picardía e ingenio. Oblitas recibió el balón, giró hacia su izquierda, y cuando parecía que remataría con la derecha, prefirió tocar el esférico con el muslo, acomodándoselo a su pierna izquierda, la que dominaba. Un movimiento que desarmó por completo a la defensa chilena, dejándolos estáticos y sin reacción ante lo que se avecinaba.
Y entonces, el zurdazo. Un disparo potente y certero que sorprendió al arquero chileno, quien se tiró tardíamente, cuando el balón ya estaba en el fondo de la valla. El doctor Teófilo Salinas, presidente de la Confederación Sudamérica de Fútbol, lo sentenció, en presencia del titular de Educación general Miranda y del ministro de Marina contralmirante Gálvez, de esta manera: «¡El de Oblitas es un golazo! Así nomás no se ven goles de ese calibre en las canchas… ¡Un gol para la historia!». Fue el segundo gol de Perú en ese encuentro, un tanto que encendió la ilusión y el orgullo nacional.
El gol de Oblitas no fue solo un punto en el marcador; fue una declaración de intenciones, un grito de victoria que resonó en todo el país. El propio «Ciego» recordaría años después: «No me di cuenta del golazo que había metido hasta que en la noche vi la repetición del partido». Esa humildad y la magnitud de la hazaña quedaron grabadas en la memoria de los peruanos.
Cincuenta años después, ese gol sigue siendo un faro en nuestra historia futbolística. Un recordatorio de la audacia, el talento y la pasión que caracterizaron a esa generación de futbolistas peruanos. El gol de Juan Carlos Oblitas en Matute no solo significó un paso gigante hacia las semifinales de la Copa América de 1975, que Perú terminaría ganando, sino que también se convirtió en un símbolo de la grandeza de nuestro fútbol.
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