Los servicios que debería brindar EsSalud son pésimos, por decir lo menos. No hay medicamentos para atender, por ejemplo, a los enfermos de cáncer, a quienes sufren males cardiovasculares o a los pacientes de urología, quienes están condenados a despedirse de este mundo al no encontrar el remedio ni la atención médica oportuna. La magnitud de este grave problema es de conocimiento de la señora Zulema Tomas Gonzales, distinguida anestesióloga cardiovascular quien, además de haber sido ministra de Salud, tiene una amplia trayectoria en la burocracia estatal.
Los asegurados se preguntan ahora si la buena Zulema, nombrada presidenta ejecutiva de EsSalud, logrará dar la respuesta positiva, inmediata y urgente que claman más de tres millones de asegurados en todo el país. No lo creemos. Estará animada por la trascendencia del cargo, pero la realidad es otra. El exceso de personal, con altos sueldos y otros beneficios logrados a través de 300 sindicatos y 600 dirigentes que hace años no realizan labor alguna, es uno de los principales obstáculos para el cumplimiento de los fines y objetivos de EsSalud.
La ausencia de centros hospitalarios acordes con la importancia del derecho a la vida es palabra mayor. Pero no existen planes al respecto, y los enfermos siguen acudiendo a casonas acondicionadas en las que las dificultades para el funcionamiento de consultorios, laboratorios y demás servicios de consulta interna y externa son calamitosas. Existen pruebas a la mano de asegurados a quienes convocan hasta 60 días después para darles cita médica. También están registrados los casos de pacientes que ya han fallecido y a quienes, como si fuera una broma demoníaca, les siguen dando citas médicas. Esta realidad es para llorar.
Que no se diga que no hay dinero, porque eso no es verdad. Lo que sucede es que se malgasta, y la principal culpa la tienen los gobernantes que, una vez en el poder, lo primero que hacen es colocar en la función pública a sus partidarios sin tener en cuenta si cuentan con los méritos necesarios. También es el caso que el principal deudor de EsSalud es el propio gobierno central, que ha utilizado y sigue utilizando los fondos de la institución para obras públicas. Esta mala costumbre viene de hace muchos años, como ocurrió con la carretera a Pucusana y a los distritos del sur, o con la construcción del Centro Cívico de Lima, sin que se conozca la palabra de los representantes ni, al menos, el reclamo de quienes han sido nombrados delegados de los trabajadores y de los empleadores. Allí hay un silencio cómplice que debería remediarse de inmediato.
Es tremenda la responsabilidad que asume la buena Zulema, pero el entusiasmo no basta. Aquí tiene mucho que ver el Poder Ejecutivo. No está mal que recorra el interior del país, pero sería mejor que se procediera a la reorganización total de EsSalud, dada la trascendencia que tiene en la vida de los trabajadores, jubilados y pensionistas. ¿Tendrá la capacidad de decisión para hacerlo? Eso está por verse. Es como pedir un milagro que difícilmente podrá ocurrir.
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