Se ha puesto de moda entre los jóvenes de este no siempre comprendido país la frase “estoy Jerí”. En clara alusión a las costumbres amatorias del defenestrado presidente transitorio de la República. La frase, no muy original, porque en cierta forma es una copia, aunque con distinto objetivo a aquella que ante la falta de solvencia económica la gente acostumbraba a decir “estoy chihuan”, excongresista que siempre se quejaba de tener la cartera vacía de soles.
Al decir “estoy Jerí” quienes la pronuncian tratan de explicar que requieren de la presencia de una persona del sexo opuesto, para satisfacer lo que el buen José Jerí tenía la costumbre de efectuar nada menos que en las acolchadas camas de Palacio de Gobierno. Costumbre está que según las malas lenguas se prolongaba hasta horas de la madrugada. Cierto o verdad, porque hasta ahora no se ha llegado a comprobar que eso es lo que hacía el exmandatario transitorio, sin embargo, no resulta aceptable que la frase se popularice. Quienes la pronuncian deberían de tener presente que el juez que ventiló uno de los casos en que estuvo involucrado el exgobernante, también le hizo una invocación para que resistiera sus instintos y fuera a recibir un tratamiento terapéutico que regulara sus desenfrenos sexuales y así pudiera caminar por restaurantes chinos, calles y plazas, sin que le llamara la atención la presencia de damiselas que por sus atributos físicos le pudieran despertar otras pasiones. No sabemos si José Jerí hizo suyo el consejo.
Sin embargo, en las páginas de los libros rosas existen muchos antecedentes sobre el particular, como el que protagonizará en las primeras décadas del siglo pasado Porfirio Rubirosa, exmilitar, ex diputado, exdiplomático y hasta ex jugador de Polo y piloto de autos de carrera. Eran los tiempos del ex dictador dominicano Rafel Leónidas Trujillo. Este conocido por su desconfianza de hasta de su sombra, llegó a tenerle tal aprecio que Rubirosa aprovechó, pese a su humilde origen, para alzarse a Flor de Oro, la hija consentida del tirano. El mencionado personaje alcanzó fama en el jet set del mundo artístico norteamericano y europeo. Dicen que, por la poca común dimensión de su falo, y que, por tal razón artistas de prestigio, reinas de belleza y sobre todo damas multimillonarias, entre ellas Barbara Hutton, no trepidaban en invitarlo a disfrutar noches de placer en sus perfumadas alcobas.
La Hutton dueña de bancos, pozos petroleros y otras riquezas, inclusive contrajo matrimonio para tenerlo en exclusividad. Pero Rubirosa tenía otras propuestas y después de recibir elevadas cifras de dólares, optó por divorciarse y seguir así con su tarea de amante eficaz.
No creemos que Jerí haya llegado como Rubirosa a tal cumbre de sexualidad. Sin embargo, todo quedan en medio de muchas interrogantes. Por ejemplo, hoy los jóvenes lo tienen como referente en el arte del sexo y, pero lamentablemente, no lo asumen como ejemplo de buen político. Fue una calamidad, se autodestruyó y todo por su indomable pasión por lo erótico.
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