Mancheta: la trascendencia de la palabra en un debate político

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Ha demostrado que tiene esquina y calle y, es muy posible, antecedentes de pelotero en sus tiempos de estudiante de primaria en una escuela fiscal y de secundaria en un colegio nacional en Huaral, su tierra natal. Cuenta con facilidad de palabra y suma, además, cualidades de buen expositor. Ese es Roberto Sánchez Palomino, personaje con trayectoria como maestro universitario en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y que este reciente domingo 31 de mayo dio cátedra ante su ocasional rival, Keiko Sofía Fujimori, con quien disputa el voto ciudadano para alzarse con la elección de primer mandatario de la Nación. ¿Logrará su cometido? Puede ser, pero eso depende de la voluntad soberana de la ciudadanía.

Al conocer lo que ha logrado a la fecha este huaralino de padres andinos procedentes de Ayacucho y Apurímac —por el mismo hecho de haber convivido y experimentado en su juventud cómo viven los de abajo, y cómo ahora conoce las esperanzas de la llamada clase media—, se nota que tiene una proyección política que ha crecido con el tiempo. Esto le otorga la capacidad de ver con realismo la situación política, económica y social de un país tan sufrido como el nuestro. Si algún título se ha ganado a la fecha, por medio de esa genial repetidora que es la palabra oral, es que estamos frente a un legítimo hijo del pueblo. Esto quedó afirmado en el debate del domingo pasado y, contra todos los pronósticos de quienes creían que Keiko Sofía iba a salir ganadora, ocurrió todo lo contrario. No exageremos tampoco, pero sí sumó puntos en cada una de las cuatro estaciones del debate. Tanto es así que los comentaristas de importantes medios de comunicación tuvieron que aceptar la debacle de Keiko Sofía y guardar silencio, buscando encontrar una respuesta a lo ocurrido.

Claro está que Keiko Sofía se había preparado con anticipación con la cooperación de reconocidos expertos. Pero a la hora de la verdad no dio las respuestas que correspondían a un debate de esta naturaleza, y lo mejor que pudo hacer estuvo limitado a la lectura de los apuntes que le habían preparado los integrantes de su cuerpo técnico.

Lo comentado no debe interpretarse como una goleada. Sánchez Palomino hizo lo que correspondía y disparó, como buen Palomino a la paloma, en este caso a Keiko Sofía, quien creía que todo era pan comido. Las redes sociales coinciden con lo expresado en estas líneas. Pero, repetimos, la última palabra se verá el próximo 7 de junio, fecha históricamente conocida como el Día de la Bandera. Confiamos en que el pendón nacional lucirá majestuoso porque ese mismo día habrá una demostración de la más hermosa democracia.

Mancheta: parece que fue ayer, pero es ahora

Foto Andina