Es increíble, pero cierto. La mujer peruana tiene una presencia poblacional de más del 50% de los habitantes del país. Sin embargo, su capacidad en los campos político, económico y social no va de la mano con una proyección que exija el cambio radical en el cumplimiento de los valores democráticos.
El comentario viene a propósito de las próximas elecciones, específicamente de la presidencia de la República. Salvo una excepción, no se advierten con la fuerza necesaria las posibilidades de otras mujeres involucradas en el complejo mundo político. Hay que subrayar que hay candidatas que tienen una visión más objetiva de la realidad nacional, a diferencia de quien se ufana de “saber” poner “orden” en el país, cuando bien se debe recordar que durante la gestión de su progenitor creció en volúmenes increíbles el narcotráfico, la minería ilegal y la tala indiscriminada de bosques, con serio perjuicio para la economía y el desarrollo del país.
La corrupción se hizo patente y no existía organismo del Estado donde personajes siniestros no abusaran de su poder político, haciendo lo que conviniera a su avidez de enriquecerse con el respaldo de una justicia ciega, muda y manca. El estudio que tenemos a la mano nos dice que: “Aunque se han implementado leyes como la de paridad para aumentar la representación femenina en cargos electivos, el acceso a las posiciones de mayor toma de decisiones sigue siendo limitado. Las mujeres han demostrado ser líderes clave en sus comunidades, pero el techo de cristal persiste en el ámbito nacional”.
Huelgan los comentarios; solamente queda desear que el electorado femenino advierta a tiempo que, entre las candidatas, hay mejores opciones que la que se presenta como heredera de una autocracia.
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