A Dios rogando y con el mazo dando

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Tal como van las cosas, los electores se han dividido en dos grupos muy notorios. Unos están vacilantes y le rezan a las mil vírgenes para que el candidato de sus preferencias vaya a la segunda vuelta. En el otro extremo están los que acostumbran a hacer apuestas. No tienen bandera fija, ni siquiera de un solo color; prefieren optar por la cesión del destino.

Claro que en este juego ya no está en la cartilla Keiko Sofía. Los resultados que están por concluir la ponen en coche de cuatro ruedas. Está china de risa. Su campaña de más de cinco años le ha dado resultados. El problema está en la otra vereda. Roberto Sánchez con sombrero y todo, parece cabalgar firme y sostenidamente hacia la meta del segundo puesto. El consumo de chicharrones huaralinos, de caldo verde cajamarquino, de choclos cusqueños y tamales cañetanos le han servido de golpe vitamínico en esta competencia.

Hecho este que no ha ocurrido con el popular “Porky”. Ha ganado en su fortín limeño y viene perdiendo apoyo en las ciudades cordilleranas y en los pueblos sureños, donde la chicha se fermenta y tiene sabor distinto al capitalino. Nieto ha hecho honor a su apellido. No es padre en el voto electoral, tampoco hijo, no tiene muchos hermanos y dentro de la escala de la “familia votante” va quedando como un verdadero “nieto”.

Pero ojo, que la última palabra no está dicha; se viene la segunda vuelta. Más allá de los conflictos creados por la ONPE, es casi seguro que el próximo 7 de junio habrá quien levante la bandera de la victoria. Ojalá que el de arriba, con su omnipotencia, haga el milagro de darnos un auténtico cambio político y un mejor gobierno. Entre tanto, pongámonos de rodillas y con lágrimas en los ojos miremos al cielo.

Mancheta: lo bueno, lo malo y… lo feo

Foto ONPE