Mancheta

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Con una trayectoria de juez supremo, maestro universitario y hombre de las viejas costumbres de Cajamarca, su tierra natal, pero también de la marinera y el tondero, bailes norteños de su predilección, desde el miércoles 18 de febrero, el doctor José María Balcázar Zelada lleva la banda de presidente constitucional de la República.

Así lo consideró pertinente una mayoría abrumadora de 64 votos de congresistas que votaron a favor. Doña María del Carmen Alva, su rival de circunstancias, se quedó con los crespos hechos. Sus auspiciadores, los grupos con aparente dominio del aparato congresal, no encuentran explicación para lo ocurrido. Uno de los voceros del fujimorismo, don Miguel Torres, califica lo ocurrido como una verdadera catástrofe. Tiene temor político encapsulado por sus propios demonios, que a partir de ahora vendrá todo lo peor para la democracia en el país.

Y esto, a pesar de que el ciudadano Balcázar ha hecho un llamado a la unidad de izquierdistas y derechistas, pensando solamente en la instauración de la una verdadera democracia. Torres, a quien le gusta que le llamen “Miki”, sin embargo, no piensa así.  Él y otros tantos vuelven a su acostumbrado zapateo, así como lo hizo su lideresa Keiko Fujimori después de la derrota que le infligió Kuczynski.

Todo indica que a estas alturas, de aparente emergencia, habrá que repartir valeriana para que nuestros políticos vernáculos se serenen. Los ciudadanos de a pie, que son la gran mayoría, aspiran a que el nuevo gobierno realmente luche contra hechos salvajes que han impuesto en todo el país el asesinato, la extorsión, el aprovechamiento del bien ajeno y otras brutales manifestaciones del crimen organizado. Los ciudadanos, tanto los arriba como los de abajo, esperan que haya un proceso electoral transparente y que los futuros gobernantes, en el Ejecutivo y en el Legislativo, demuestren que merecen ser llamados “padres de la Patria”, y no como ahora, que en gran parte son considerados como simples aventureros de la política.