“Pipino el Breve” fue un rey de origen franco allá por el siglo VIII, que tenía tal apodo por su baja estatura física. Murió joven y pertenecía a la alcurnia de la nobleza de esa época. En nuestro país tenemos a “Popi el Breve”, apodado así porque, durante el gobierno de Alejandro Toledo y a su petición, fue designado nada menos que ministro de Relaciones Exteriores. Duró escasamente 24 horas en el cargo y, por esas jugarretas de la política nativa, fue expectorado de la Cancillería sin pena ni gloria.
No es, por supuesto, un noble ni escaso de estatura física; en cambio, sí lo es por naturaleza un provocador, con razón o sin ella. Eso le ha traído malas consecuencias, tanto que en más de una oportunidad ha ejercido cargos por tiempos muy cortos. Se ha hecho popular no por su nombre de pila: le llaman “Popi” comparándolo con un payasito extranjero que hacía reír a la gente en los circos que llegaban a Lima.
“Popi el Breve” no es exactamente un payaso y, sin embargo, a veces hace tales payasadas que causa carcajadas, cuando no enojos y broncas entre sus rivales políticos, que son cada vez más numerosos. Hace pocos días sufrió un escupitajo cuando se dirigía a participar en el debate de los candidatos a la presidencia. Cosa curiosa, esto motivó una serie de reacciones y una de las frases más repetidas condenaba lo ocurrido, seguido de un “pero bien merecido”.
Esta es la historia de este pobre personaje que será recordado no por sus aciertos políticos, sino más bien por ser un experto en lanzar agravios que muchos califican de payasadas. Es un verdadero provocador profesional y, al mismo tiempo, un contestatario con el agravante de perder la calma; en términos populares, un “picón”.
Y pensar que este personaje ha sido asesor del primer fiscal de la Nación, secretario de prensa de un partido político, congresista y embajador en España; y todo por tiempos breves. Salvo el trascendido que afirma que es dueño de un bar-restaurante en Lima y algo similar en España. Sus pleitos son memorables. Alguna vez, y en horas de la noche en el local del Congreso, recibió una paliza que le propinó José Barba Caballero, y “Popi el Breve” fue feliz con lo ocurrido porque su nombre salió en primera plana en el diario La República. Es que al “Popi el Breve” le encanta la publicidad, aunque ello no sea producto de un acto noble.
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