Mancheta: soñar, siempre soñar que algo sirve

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Con las voces enronquecidas, las gargantas inflamadas y un cansancio físico luego de extraordinarias marchas y contramarchas —todo en procura del voto ciudadano que les favorezca—, a estas alturas y faltando poco para el domingo 12, los candidatos presidenciales sueñan con verse ganadores de tan difícil contienda. Existen trascendidos, pero en líneas generales ninguno puede cantar victoria.

Evidentemente, la experiencia de tener 34 candidatos a la presidencia y un sinnúmero de candidatos al Senado y Cámara de Diputados pasará a la historia política del país. Pero no tanto por la calidad de los mismos, aunque claro, hay algunos que sobresalen, ya sea porque tienen un discurso aceptable o, en cambio, ofertas electorales que en la mayoría de los casos huelen a pura demagogia. Pero así es la política en este país y sobre eso no hay nada que discutir, sin dejar de lado el ambicioso sueño de crear una democracia «a la peruana» que sabe de horas felices y de horas amargas. Lo importante está en que hay participación y entusiasmo por concurrir a las urnas. Y eso sí es bueno; podría afirmarse que es un paso, aunque mezquino, plausible, porque ya estamos entrando a darle valor a un proceso electoral en el cual resulta difícil que se produzcan irregularidades.

Por lo tanto, dejemos que los misterios dejen de tener su acostumbrada túnica fantasmal y se conviertan en hechos ciertos; que haya salud y se brinde, aunque sea con chicha morada, porque existe la convicción de elegir de manera responsable. Por lo menos eso es lo que se piensa y, asimismo, se rechaza todo lo que signifique palabras, simplemente palabras. Que el dulce sueño de una mejor vida política no se convierta en una pesadilla.

Mancheta: solo el pueblo salva al pueblo

Foto Andina