Mancheta: ¿Todo tiempo pasado fue mejor?

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El electorado se encuentra en algunos casos dedicado a la meditación, a manera de aquellos ermitaños que dialogaban con su conciencia para determinar lo que realmente podían hacer. También están aquellos que se dedican, de manera espontánea y voluntaria, a realizar supuestos pactos que sirvan de apoyo a algunos de los postulantes, que efectivamente el próximo 7 de junio será el nuevo mandatario de la República por la «voluntad de los pueblos y de su causa que Dios defiende». ¿Quién vencerá? Eso es un misterio indescifrable. Las apuestas corren parejas.

La candidata, heredada, de quien se caracterizaba por decir una cosa y hacer otra cosa, va tocando puertas tratando de convencer a quienes fueron ayer sus competidores, asegurando que la palabra dura y agraviante, en esos momentos electorales, simplemente fueron propias de un estado de beligerancia política. El otro candidato, a su vez, hace lo mismo mostrándose como el defensor de los más pobres. La zalamería está en la epidermis de cada uno de ellos. Y así es, pues, la política de siempre. No se puede olvidar a aquel ciudadano que, sentado en el sillón presidencial, lo primero que ordenó fue un «paquetazo» de carácter económico que dejó a miles y miles sin un centavo en el bolsillo. O de aquel que, no bien había pisado el Palacio de Pizarro, recibió un mensaje amenazador de quien lo había promovido como candidato y, por lo tanto, le debía respeto y consideración. Es decir, tenía que comprender que era su vasallo.

Nos preguntamos si estas historias se repetirán, y esperamos que quien llegue a la primera magistratura cumpla con sus promesas y no termine siendo un vulgar muñeco de intereses mezquinos, que poco o nada tienen que ver con un país más digno para todos.

Que el Senado no funcione como antes

 

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