Las elecciones políticas para la elección de presidente de la República, diputados y senadores de este año, lejos de ser un proceso electoral limpio, se han convertido en una campaña donde abundan los agravios entre unos y otros candidatos. Mala suerte si continúa así. La falta de ética está primando por encima de lo que debería ser un modelo recordable.
Los candidatos están recurriendo a toda suerte de insultos, olvidando que deberían dar el ejemplo, haciendo propuestas realistas y, si fuera necesario, críticas constructivas. No se debe eclipsar una fiesta democrática.
Esto se deduce por lo siguiente: primero porque a poco más de tres semanas, los electores debidamente informados, tendrán que concurrir para depositar un voto de confianza a quienes sobresalgan por su decencia y calidad cívica; segundo porque cada uno de quienes quieren llegar a la primera magistratura o la representación legislativa, está demostrando que respeta la dignidad humana. Están utilizando, por el contrario, armas vedadas que ofenden el concepto de democracia. A este efecto han llegado al extremo de contratar “sicarios” que utilizan las redes sociales para divulgar acusaciones que por lo general no parecen ser ciertas.
Lo más serio de todo es que los candidatos se están lanzando todo tipo de acusaciones, donde las más bajas hieren la sensibilidad cívica. Unos a otros parecieran integrantes de los más bajos fondos, en donde el hampa campea y cada uno se acusa de ladrones, estafadores, asaltantes, mentirosos y otras mala hierbas. El “fair play” no existe creando desconcierto a quienes estaban ya encaminando sus preferencias no solo por los que puntean las encuestas, sino también entre los que asomaban como “outsider”.
En pocas líneas y tomando estas experiencias podría creerse que los candidatos son una suerte de gente taimada, adjetivo que describe a una persona astuta, disimulada y hábil para engañar o lograr sus objetivos ocultando sus intenciones.
Esta es la situación que estamos observando. La incertidumbre está ganado terreno y hay quienes dicen que no piensan ir a las urnas, porque los nuevos representantes tanto en el Ejecutivo como en el Legislativo, no son otra cosa que una repetición de lo mismo. Esto en referencia a lo que está sucediendo en las esferas gubernamentales. Y entonces surge entre los electores la pregunta ¿Y ahora quién podrá defendernos de la corrupción, de la inseguridad ciudadana, de la crisis social, etc?
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