En el cantar de los cantares de los viejos jaranistas de esta Lima que se va era popular un poema que decía: “Toda repetición es una ofensa y toda supresión es un olvido…”. Y esto que no tiene nada que ver con el antiguo testamento de Salomón, se le puede atribuir a Rafael López-Aliaga, nuestro ex alcalde capitalino quien, al lanzarse como candidato a burgomaestre, prometió en solemne acto público que iba a terminar con la inseguridad ciudadana y, por arte de magia, sacar de la pobreza a los millones de pobladores que abundan, sobre todo, en los barrios marginales, sin agua, sin salud y sin pan diario.
Esto mismo son los postulados que el gordito “Porky”, enarbola en el plan de gobierno que ha dado a conocer con motivo de su candidatura a la presidencia de la república. Ya incumplió siendo alcalde de Lima, con la consiguiente piconeria de Daniel Urresti, el recién excarcelado, que fue en aquella oportunidad su más fiero rival. Los electores tienen presente esto y, por eso, se preguntan ¿por qué tenemos que creerle ahora?.
“Porky” mintió ayer y puede haber certidumbre que repetirá los mismos versos y después se olvidará de aquellos. Si la primera vez nos dijo que uniría Comas con San Juan de Lurigancho con la construcción de teleféricos, de trenes bala entre Lima, Callao y balnearios, escaleras automáticas en todos los cerros de Lima y otras grandezas, no es extraño que ahora nos salga con el cuento de unir Costa, Sierra y Selva con trenes de alta velocidad, en los que los viajeros podrán comer no solo papa a la huancaína, sino también anticuchos, picarones y otros platos de la riqueza culinaria de nuestro Perú. Pero ahí no queda la cosa. Durante su gobierno- dice- será fácil viajar de Tumbes a Tacna con la construcción de aeropuertos nacionales en cada tramo de ese largo recorrido y poner en funcionamiento aeropuertos internacionales en todos los departamentos, de tal manera que el “peruano oprimido” saldrá a recorrer el mundo, globalizando así el ideal de aquellas viejas ilusiones que ahora no tienen ni siquiera un modesto sol para subir a los colectivos piratas y mucho menos tener entre sus manos las ansiadas tarjetas para viajar en el “metropolitano” y en los “corredores viales”. Habría que darle un modesto consejo a “Porky”: “para mentir y comer pescado hay que tener mucho cuidado”. “Esto porque puede terminar aplastado por el enorme peso de su propias mentiras”.
