El ‘Apanao’ entre goles y oles…

 

Fue un personaje a todas luces. Aunque su pasión fueron los toros en Acho, los reflectores sicodélicos de los espectáculos nocturnos limeños con bellas vedettes de por medio, los pisco sour dobles en el hotel Maury -al lado de su colega Otto Salas- pero el fútbol no dejó de estar al margen de la vida siempre agitada que tuvo Arturo Morales Raymondi, el popular ‘Apanao’, periodista de “El Comercio” y amigo de famosos para más hierbas.  Hincha de Alianza Lima no importara así ganara, perdiera o empatara. Le daba igual. De voz gruesa a veces ininteligible, el agitar de sus largos abrazos y el arreglo siempre formal de su corbata color negro sobre un terno color azulino con pantalones que aseguraba con sus infaltables tirantes, caracterizaron siempre la personalidad del ‘Apanao’ que al morir supo dejar una huella profunda entre quienes llegaron a conocerlo, trabajar y disfrutar de la ocurrencias que de momento lanzaba.

Entre sus amigos y colegas de “El Comercio” siempre fue el ‘Apanao’. Para los lectores de el Decano “El Usía” que era el seudónimo con que firmaba sus tan leídas columnas de toros. Arturo fue único. Un tipo que vivió toda su vida en su departamento del jirón Ica 338; que no se casó. Nunca le pregunté cuánto calzaba pero imagino que por su estatura (medía como un metro 80) y el tamaño de su calzado fácil que eran 50. Fue un deleite leer sus columnas de los lunes tras las corridas en Acho cuya nota central estaba a cargo de don Félix Espinoza. Así como en el fútbol los periodistas de esa época se encargaban de cubrir las declaraciones de los jugadores y entrenadores en los propios camarines –hoy o declaran en la cancha o dan conferencia de prensa- al “Apanao’ dada su enorme amistad con los toreros llámense Manuel Benítez ‘El Cordobés’, Francisco Rivera ‘Paquirri’, Palomo Linares, Curro Vásquez. José Mari, José Ortega, El Niño de la Capea y otros tantos le bastaba ubicarlos en el Hotel Sheraton y allí los entrevistaba ¡en sus propias habitaciones! A veces unos estaban en paños menores o llamando a España a sus familiares. Bastaba que él tocara la puerta, escuchar desde el interior quién era, mencionar su nombre y sus famosos amigos no dudaban en hacerlo pasar.

Ya en la Redacción su columna la iniciaba así: “Llegué al Sheraton, el ascensor me lleva hasta el piso (donde estaba alojado el personaje) toco el timbre…el riing se escucha nítidamente en el interior y en segundos tengo ante mi a ‘Paquirri’ (o el torero de esa tarde dominical). Su amistad con personajes del cine, especialmente mexicano, fue de película. Un día se enteró que Mario Moreno ‘Cantinflas’ iba a hacer escala en Lima a las 06:00 am y después del mediodía seguiría a Buenos Aires ¿Qué hizo? Contrató un remisse y se fue de madrugada al Aeropuerto. No sabemos cómo logró convencer al famoso cómico pero lo cierto es que lo trajo a ¡El Comercio”! Por ser muy temprano lo que más disfrutaron con Mario fueron los trabajadores de talleres que a esa hora preparaban la impresión del vespertino “El Comercio Gráfico”.

Tan peculiar era el ‘Apanao’ especialmente al hacer sus preguntas que el año que vino la famosa actriz mexicana María Félix no tuvo empacho alguno en decirle, previamente, que habían versiones que decían que era lesbiana porque siempre la veían acompañada de una mujer ¿Es cierto esto? La ‘Doña’, como la conocían, lo miró de arriba hacia abajo y notando que el ‘Apanao’ no era muy agraciado en su rostro, le respondió: “Con  hombres feos como usted, no dudaría en ser lesbiana”.

Se emocionaba mucho viendo jugar al equipo de la Sección Crónicas de “El Comercio” que jefatura Roberto Almandós Ciurlizza. A sus jugadores como Arturo Quintos, Máximo Zegarra, Felipe Adrianzén, Hugo Aguirre, Carlos Chui, Víctor Bracamonte, Mario Fernández y Juvenal Gamero los complacía en todo. “Si ganan hoy ya ordené el almuerzo en el Raymondi”, decía. No escatimaba gasto alguno y al momento de cancelar sacaba fajos de dólares siempre de los bolsillos traseros del pantalón. Los cajones de su mesa de Crónicas los tenía llenos de estampas de santos y botellas llenas de agua que las bebía sin parar y terminaba refrescándose su rostro.

Tres anécdotas recuerdo de él: una, era 1973 y tenía que entrevistar a Raphael en el Sky Room del último piso del Hotel Crillón en La Colmena. Fue con el reportero gráfico Jorge ‘Coco’ Verástegui. Al final y ya sin Raphael presente le invitó allí mismo un pollo a ‘Coco’. Todo normal pero de repente ‘Coco’ vio que el ‘Apanao’ tras morder el pollo arrojaba los huesos al piso. Un tanto preocupado y hasta medio avergonzado ya que los asistentes los miraban le preguntó por qué lo hacía. Arturo le respondió muy fresco: “Tú tranquilo nomás, igual hacen los artistas como el que acabo de entrevistar”. ‘Coco’ se quiso caer de espaldas al mejor estilo del ¡plop! de Condorito.

Dos, el diagramador Juvenal Gamero cerró ese domingo con él la página de toros y se fue al cine Metro. Al ratito informan de talleres que faltaba una leyenda. Desesperado el ‘Apanao’ salió a buscar a Juvenal y con permiso del controlador comenzó a llamarlo por su nombre en voz baja mientras se rodaba la película. Juvenal escuchó pero siguió impasible. El ‘Apanao’ llegó donde el que proyectaba la película, le dio su propina y la película se detuvo Se prendieron las luces y por el parlante anunciaron que a un tal Juvenal lo esperan afuera. Recién ahí Juvenal salió casi en cuclillas mientras escuchaba las mentadas de madre del público por ser el causante del corte. Fueron al diario y le colocó la bendita leyenda.

Y, la última, que contó mi colega César Augusto Dávila en “Crónica Viva” fue que a él y al ‘Apanao’ un dibujante que se creía el más más los invitó a un agasajo y les comenzó diciendo: “Como ustedes bien saben yo soy caballero de la lengua, consagrado por la Real Academia”. Arturo que también fue muy bromista, le espetó: “Nosotros todavía no, porque somos muy jóvenes”. Un tipazo el ‘Apanao’ que murió hace 28 años de cáncer al pulmón con 23 de ellos al servicio del Decano.