El sueño de Krakatoa

 

Es compleja y desafiante la vida del periodista. Quizás en eso pensaba mi extrañado hermano Arturo “Apa” Morales, cuando atribuía a Frank Sinatra, la extraña frase interrogativa: ¿Quién no está borracho a las tres de la mañana?- En fin. En internet ya se ha eliminado, pero los memoriosos, recordaremos para siempre, la historia de Ed Sampson, cuyo intríngulis verdadero, no han logrado desentrañar ni psiquiatras, ni parapsicólogos, ni los empresarios sin alma, que lo echaron a la calle, sólo por haber vivido la más extraña de las historias del periodismo de todos los tiempos. Y, sobre todo, por haberla publicado en calidad de primicia mundial, aun cuando nadie hubiera sido capaz de confirmarla en su momento.

Para empezar, recordemos que Ed Sampson, trabajaba-es un decir- en el “Boston Globe” de los Yunaites, cuyos mandamases, le habían asignado el puesto de “Editor de Guardia”, chamba picante si las hay, pues consiste en la responsabilidad de hacer cambios “sobre la marcha”. Es decir, cuando ya está en imprenta la edición y sólo se justificaría modificarla, en caso de una noticia “bomba” que se hubiera producido más allá de las doce de la noche. Hora de las brujas, mi estimado, justamente cuando las potiprontas encopetadas, se van de la fiesta para evitar que su aúa de lujo, se convierta en calabaza… o su dorima -el firme- se entere de lo que andan haciendo durante la peligrosa medianoche.

Pero volviendo a mi extraño -legendario ya- colega, Ed Sampson, dicho tío se había enamorado , sin remedio, de la botella y bebía, noche a noche, como un cosaco en tregua y así, entre Pisco y Nazca, cumplía sus obligaciones, a la hora en que la rotativa bufa como tren de carga y los demás tundeteclas sueñan con los angelitos.

En fin. Una noche de esas, llegó a cien grados bajo corcho a las oficinas del diario que lo empleaba y tambaleándose al borde del nocaut, aterrizó en el sofá más propicio, deslizándose por el barranco aquél, que se entiende, como “dormir la mona”, mientras el mundo seguía andando, conforme canta el tango.
De pronto, en medio duerme, empezó a vivir una extraña pesadilla. En dicho sueño, estaba él, en cierta isla del archipiélago indonesio, cuando estallaba una tremenda erupción volcánica que habría de terminar causando la muerte de 36 mil infortunados vecinos del dormido volcán “Pralape” que acababa de desperezarse con tan catastróficos resultados.

Corría entonces, el año 1883 y por entonces -como también sucedería ahorita mismo- tan terrible noticia, sería “primera de primeras” para cualquier diario del mundo. Y entonces el casi sonámbulo Ed, se precipitó a “talleres” y cumpliendo su deber -o creyendo cumplirlo- hizo el cambio de rigor. Al amanecer, los ejemplares del “Boston Globe”, literalmente “volaron” de los puestos de venta, disparando las cifras del tiraje, hasta cifras realmente astronómicas.

Y esto, hubiera sido un tremendo galardón, para cualquier carrera periodística, pero… pero… daba la casualidad que ningún otro medio de comunicaciones de aquél tiempo, tenía noticias de tan tremendo desbarajuste y en ningún ”Atlas” disponible, figuraba el aterrador volcán “Pralape”. En suma, los honorables empresarios del “Boston Globe”, decidieron “por si, y ante sí ”, que la gran noticia, era tan sólo un “delirio de borracho” y -“cría fama y… ya verás lo que te pasa”- echaron al pobre Ed, a la cochina calle y en los peores términos, por lo cual, mi “sediento” colega, se embarcó en un “vino triste”, que se llevó volando por sotavento, los últimos dolarillos que habría de acariciar en su tormentosa life.

Pero como bien pontificaba mi tío putativo Andrés “Pichón” Archimbaud:” Hay un juez y verdugo, que se llama “El Tiempo”, y resulta que a los pocos días, la noticia causante de tanta desgracia, se confirmó en todos sus extremos. La demora y confusión se habían originado en las diferencias horarias, la lentitud de las comunicaciones y… -para colmar el mate-, en el curioso hecho de que el volcán de la hecatombe, antes de llamarse “Krakatoa”, se llamaba pues, “Pralape”, conforme lo había alucinado en sueños mi borrachoso colega del ayer.

Pero cuando las cosas pasan, empiezan a ser parte del pasado y a navegar rumbo del olvido como cantan los boleros y a veces comprendemos, al arrullo de un par de “chelas” bien al “Polo Campos” y una de esas noches neoyorkinas, Ed Sampson murió en un asilo de indigentes, casi, casi olvidado. Y digo Casi, porque casi un siglo y varios libros más tarde, la Century Fox, hizo una peli a base de esta incomprensible historia.

El film en cuestión, fue estelarizado por el cariserio Humphrey Bogart, quien tuvo palabras de cariñoso elogio para el periodista incomprendido, dejando en el misterio la extraña perigalla malabar de la telepatía, la precognición y esas quisi-cosas que según algunos, “no existen”, pero , no obstante, suceden todos los días. En cuanto a la alcohólica costumbre del involuntario corresponsal del enigma, yo diré con el poeta y visionario Homero Manzi: “Todos los que son borrachos…no es por el gusto de serlo/. Sólo Dios conoce el drama, que palpita en cada ebrio…/…” ¡Hasta mañana!