La visita de un historiador

 

Algunos días han pasado de la visita a la ciudad de Lima del profesor francés Bernard Lavallé, Doctor en Historia, profesor emérito en la Universidad de la Sorbonne Nouvelle – París 3. Especialista en Historia e Historia colonial de América Latina. Dirige el Comité ECOS-Norte de cooperación científica y universitaria con América Latina. Es integrante del Comité de Orientación y Evaluación del Programa PREFALC. Escribió: Ensayos sobre criollismo en los Andes (1993), Amor y opresión en los Andes coloniales (1999) y Francisco Pizarro: Biografía de una conquista (2003), editados por el IFEA-IEP, con el concurso de la Embajada de Francia y el Instituto Riva Agüero. Tiene otros textos importantes como: Bartolomé de Las Casas entre la espada y la cruz (2007), El dorado d’Amérique; mythes, mirages et réalité (2011), Las promesas ambiguas, y muchos más, ahora recordamos los que nos parecen más importantes, en realidad los que nos gustan más. Actualmente está en curso su última investigación: El primer siglo XVIII en el virreinato de Lima.

A su paso por Lima, el profesor Lavallé, dictó la conferencia: El Perú en la encrucijada de dos épocas (1680-1750), el 26 de noviembre de este año. Fue un motivo suficiente para escribir éste artículo.

No puede ser más que interesante la presencia de un intelectual de las ciencias sociales como él, que tiene un particular desempeño en la producción científica de su campo. Como historiador que es, no siempre inicia la construcción de una teoría a partir de los hechos empíricos, que otros consideran indispensable y un único camino para generar nuevos conocimientos. No, este profesor francés (acaso influido por Dilthey, Feyerabend, entre otros), en la producción de sus estudios históricos, le asigna gran importancia y centralidad al lenguaje con el que se expresan los hechos, y si éste (el lenguaje) es lo suficientemente adecuado, interesante, comprensible y atractivo, entonces se construirá un relato, una narración, con suficiente fuerza explicativa que sin ésta, todo contenido, es decir cualquier conocimiento se debilita. Lavallé es un autor que hace del lenguaje una herramienta poderosa en la (re)construcción de los hechos y en la producción científica.

Por otro lado, el Dr. Bernard Lavallé (profesor emérito en historia en la Universidad de la Sorbonne Nouvelle – París 3), con sus estudios aporta varias ideas para comprender la emergencia del criollismo como un movimiento urbano que toma forma en las primeras décadas del Siglo XVII. La expresión “criollo”, probablemente creada en el Perú y luego usada en toda América, solo designaba a los hijos de padres españoles nacidos en Indias, describía el lugar de nacimiento. Son estos criollos, los que primero redujeron el concepto a los hijos que los españoles tenían exclusivamente con mujeres españolas, luego se agregaría la idea genealógica, es decir, los criollos se consideraban miembros de la “República de los españoles” atribuyendo a su vez, todas sus debilidades y deficiencias a los mestizos, de modo que excluían de “su raza” los elementos negativos. Para finales del siglo XVII, muchos criollos lo hicieron todo, con la finalidad de demostrar su fuerza racial y moral dignos de reinar –por sobre los otros- el Perú y de competir en igualdad de condiciones por puestos de alto rango con los españoles.

El profesor de Civilización Hispanoamericana Colonial y otros historiadores, nos explican que los términos criollo o criollismo peruano no deben interpretarse como esencias, sino como estrategias o agencias criollas elaboradas conscientemente por determinados grupos para conseguir determinados objetivos políticos. Estos grupos de criollos, aunque pertenecían a la “república de los españoles”, sin embargo eran americanos que buscaban distinguirse respecto de los indios, negros, mulatos y mestizos que vivían en el Perú. Por esta razón, no existe una identidad criolla, sino varias.

Siguiendo lo anterior, en esa línea de actuación metodológica o curso de acción epistemológica, las innovaciones o singularidades científicas del profesor Lavallé son también otras, aunque en verdad no son propias de él. En sus estudios, los eventos, los personajes cobran un protagonismo especial en el proceso histórico. Una discusión que puede parecer vieja (basta recordar que antaño se discutía ardorosamente en nuestras universidades, así como hoy se hace mutis en casi todo, ¿calidad, dixit?), que si la historia la hace un héroe o la hacen los pueblos, para el historiador Lavallé, los personajes, los eventos, son una puerta de entrada a un proceso mayor de conocimiento. En este aspecto, el profesor francés ingresa a un terreno francamente polémico cuando aborda la biografía de Francisco Pizarro y a través de ella, construye un personaje que poco a poco va transformándolo (con sus estudios e investigaciones históricas) en el eje de un proceso histórico, en un actor protagónico de la historia, en el líder de “voluntad inquebrantable”, “increíble”, que lo lleva al triunfo, luego de infructuosas salidas hasta llegar a la conquista que le significó beneficios y poder para el marqués como a sus hermanos Hernando, Juan y Gonzalo, y Francisco Martín de Alcántara. En su relato e impecable retórica no oculta su hispanismo en su labor de peruanista. Le asombran “los sacrificios, enfermedades, penurias y peligros que tuvieron que arrostrar aquellos hombres, menos de 200 en su inicio, solo comprensibles con una valentía y arrojo fuera de lo común, a lo que hay que añadir el liderazgo (…) de Pizarro, que parecía un iluminado”, cual portento humano, a pesar de que “el hambre, el sufrimiento, la muerte y la desesperación habían estado presentes a menudo, pero él no había cedido nunca”. La historia convertida en una hazaña épica.

En términos generales, Lavallé en su Francisco Pizarro: Biografía de una conquista, mantiene una objetividad que no le impide ingresar a un campo de batalla, tanto en el ámbito académico como en el imaginario social peruano. En lo que va del siglo XX, las tendencias hispanistas e indigenistas -en nuestro país- han discutido ampliamente sobre el significado de la conquista y la colonia. Los primeros sostienen el valor civilizador de occidente, en detrimento de lo pre-hispánico, que queda reducido a apenas un sustrato primigenio de nuestra historia. Los otros, se erigieron como los auténticos representantes de la peruanidad rechazando el legado cultural europeo, por haber desplazado las raíces históricas de nuestro continente.

La posición indigenista se ha impuesto en el imaginario colectivo, en la conciencia histórica de los peruanos, es la que se difunde más y ha logrado mayor legitimidad, gracias a los diversos movimientos sociales que cuestionaron el orden político criollo y su origen histórico-cultural. En la conquista española, los peruanos solo vemos el inicio de un genocidio y el final de la grandeza histórica y cultural del incario. Pizarro es el conquistador, sobre él cae el “repudio” y el “desprecio” de un pueblo, que se siente despojado y desplazado por éste hombre y sus descendientes, los grupos criollos. Poco importan las palabras de Porras Barrenechea sobre Pizarro, las de Hugo Neira o de Del Busto Duthurburú.

No solo hemos desalojado la estatua del conquistador de la plaza de armas hoy plaza mayor. Su imagen negativa (según investigación de Gonzalo Portocarrero) es perpetuada en cada clase en la escuela, instalando un antagonismo perpetuo con la frase “cuando nos conquistaron los españoles”. No importa que en ese momento (de la invasión o conquista) no existieran los peruanos y que seamos todos descendientes tanto de quechuas como de hispanos, que no asumimos nuestra identidad y nuestra historia.