Mejores fiestas con seguridad

 

La crónica roja está cada vez más de moda. Los noticieros son deprimentes. Cuatro de cada diez homicidios en el mundo se cometen en América Latina y algunos gobiernos de la región han optado por la mano dura.

Las guerras se han trasladado a las ciudades que conviven con los maleantes y los delincuentes. El número de homicidios puede superar las situaciones bélicas pero no hay protestas públicas masivas y muchas veces los culpables en flagrancia son liberados.

La criminalidad y la delincuencia es una de las principales preocupaciones de los peruanos y de los latinoamericanos. Hablar de inseguridad ciudadana es reducir o simplificar dolosamente el problema. Porque es mucho más que eso si lo que tenemos es una percepción de real peligro de vida siempre que dejamos nuestro hogar.

Los índices de violencia han aumentado en la región. México en los últimos seis años ha sido sitiado por la violencia delincuencial, la del narcotráfico, que lamentablemente es un gran poder. Los asesinatos siguen desafiando la autoridad del Estado. Y lo peor es que en nuestros países nos acostumbramos a ello, banalizamos este flagelo y las autoridades aparecen desbordadas.

El principal derecho a ser protegido por todo Estado es el de la vida, es su primer deber y su razón de existir. Tomas Hobbes encontraba en el temor a la desprotección la necesidad de organizarnos. Es decir si nuestros gobiernos no son capaces de protegernos estaríamos al borde de ser un Estado Fallido, uno que no presta garantías ni da confianza.

No se trata de colapsar cárceles ni criminalizar jóvenes, ello significa derroche de gasto público sin cumplir el objetivo de disminuir la delincuencia. Nos toca hablar de educación, de desempleo, de fracaso de la sociedad en difundir valores pero también en garantizar necesidades elementales. La noción de seguridad ciudadana desarrollada – en excelente libro por el profesor sanmarquino Oscar Murillo- nos dice que la mejor manera de luchar contra el crimen es que los ciudadanos se sientan seguros en salud, alimentación, vivienda y empleo. El que lo tiene no delinque, no se arriesga a perder una situación conveniente. Esto aparece en las antípodas de las políticas represivas y militaristas. Y sobre todo aquellas basadas en el miedo hacia el otro. Necesitamos, además, medidas efectivas contra el homicidio, como la vigilancia comunitaria, el patrullaje inteligente y una esperada y demorada reforma policial.

Y sobre todo ver lo que se ha hecho en años recientes en ciudades como Bogotá, São Paulo y San Pedro Sula que han logrado reducir los homicidios entre un 70 y un 90% mediante estrategias que atacan la desigualdad, el desempleo y la debilidad de las instituciones y del imperio de la ley en aquellos lugares donde hay altos niveles de homicidios.

Necesitamos conciencia ciudadana para dejar de ser la región donde se cometen cuatro de cada diez homicidios en el mundo y esta conciencia comienza con un verdadero debate entre ciudadanos, instituciones especializadas, políticas y sociales, para poner en práctica legislaciones y políticas públicas que hagan que se asesine menos en nuestro continente. Y ese debate comienza en los medios de comunicación como grandes espacios indispensables para la expresión.

Solo así las navidades del 2019 podrán ser más seguras, más alegres, más esperanzadoras y, sobre todo, la gran oportunidad para expresar afectos sin temores. Feliz Navidad para todos!