Morosos, evasores y defraudadores

 

En España acabó el plazo para la declaración del impuesto sobre la renta de las personas físicas. Y, una vez más, lo recaudado será insuficiente para satisfacer las necesidades sociales y derechos de la gente. Porque la fiscalidad en España es injusta y regresiva.

Esa insuficiencia explica porque la deuda pública española ha crecido hasta ser tanto como el PIB. Un billón; que son 30.000 millones de euros anuales de intereses. Recortar gastos y, si los ingresos no alcanzan, endeudarse más. Es la política de Rajoy. A la que sumar la aceptación de hecho de la elusión de impuestos de grandes empresas y corporaciones, la evasión de impuestos pura más la incapacidad de Hacienda para cobrar la milmillonaria deuda de morosos fiscales.

Si el fraude fiscal es grave, el volumen de morosos tributarios, también. Personas físicas o empresas cuya deuda tributaria no logra cobrar Hacienda. A una fiscalidad regresiva, injusta e insuficiente cabe sumar la incompetencia o lo que sea de este gobierno para cobrar deudas fiscales. La Agencia Tributaria ha publicado su lista de grandes morosos que deben más de un millón de euros; 4.500 y deben más de 15.000 millones de euros en total. Con el dinero que deben esos grandes morosos a Hacienda, el Estado podría pagar el 85% de las prestaciones a parados. O toda la inversión pública de 2017. Entonces, si Hacienda los conoce y sabe cuánto deben, ¿por que no cobra ya?

La amnistía fiscal perpetrada y anulada apenas hizo aflorar a 30.000 contribuyentes que habían ocultado su patrimonio para no pagar impuestos. Lamentablemente hay muchos miles y miles más de defraudadores que no evaden impuestos. Un 97% de delincuentes fiscales aún esconden ganancias y patrimonio. Y un estudio del economista Juan Laborda calcula que la pérdida de ingresos del Estado por fraude fiscal suma 40.000 millones de euros anuales en el Reino de España. Entre esos defraudadores destaquemos al futbolista Mesi, al que han pillado y condenado a 22 meses de cárcel, sustituida por una multa de 250.000 euros. Y al también futbolista Cristiano Ronaldo, que la Fiscalía de Madrid considera defraudó a conciencia casi 15 millones de euros, utilizando una empresa pantalla en un paraíso fiscal. Hacienda reclama también datos a otros futbolistas del Real Madrid, o que estuvieron en ese club, y a jugadores del Atlético de Madrid y del Barcelona, también en el punto de mira de Hacienda.

Pero no solo futbolistas, aunque sean paradigma de inmoralidad fiscal y carencia de solidaridad. En la lista de detestables evasores de impuestos están los dueños de grandes fortunas, la cúpula del selecto Ibex 35, los nuevos ricos por la oleada de privatizaciones de la Transición, lo que resta de la decadente aristocracia terrateniente, las cúpulas de las entidades financieras, los grandes especuladores, los dueños de la industria y otras especies inmorales que evaden impuestos. Los que roban a la gente común miles de millones de euros cada año fiscal. Pero, tranquilos e impunes, les va de perlas con sus fortunas escondidas.

Sin embargo, a los ciudadanos de a pie se les persigue con tenacidad. El sindicato de técnicos de Hacienda, Gestha, ha denunciado que la Agencia Tributaria dedica más personal a perseguir a ciudadanos comunes que a investigar grandes empresas. Y los Inspectores de Hacienda a su vez denuncian que la Agencia Tributaria está al límite de su capacidad operativa por carecer de suficientes medios. Normal, porque la Agencia Tributaria tiene hoy 3.000 empleados menos que en 2009. ¿Se puede acabar con el fraude fiscal español, uno de los mayores de Europa, con pocos medios y menos personal?

Gestha denuncia que España es el país europeo que dedica menos recursos a luchar contra el fraude fiscal. Lo demuestra la proporción española de un trabajador de Hacienda por cada 1.958 habitantes, mientras que en Francia hay un funcionario de Hacienda por cada 942 ciudadanos (el doble de personal), en Alemania 1 por cada 740 y en Luxemburgo uno por cada 574 habitantes, que es más del triple que en España.

Sin medios y sin más personal, inútil luchar contra el fraude fiscal. Pero para disponer de más medios y más gente hace falta voluntad política. Y la voluntad política brilla por su ausencia en este gobierno. O España se toma muy en serio la lucha contra el fraude fiscal o nunca resolverá sus desigualdades, injusticias y problemas.