¿Reconciliación o cogobierno fujimorista?

 

Los fujimoristas están felices porque han ganado. Pero PPK ha perdido su apoyo político y social y su credibilidad. Escapó a la vacancia con la ayuda de quienes querían impedir que el fujimorismo tomara todo el poder y se entregó de manos y pies a ese mismo fujimorismo concediendo el indulto irregularmente al ex presidente Fujimori supuestamente al borde de la muerte.

Estamos ante una maraña de medias verdades, contradicciones y falsedades que no permite construir un gobierno confiable para la gran mayoría de peruanos que rechazaron la vacancia sin creer demasiado en la inocencia de PPK pero censurando la prepotencia fujimorista.

PPK ya no es un líder viable. Ha perdido soga y cabra. Nada lo podrá sostener ni defender cuando la Comisión Lava Jato, la Fiscalía y posiblemente Jorge Barata, lo pongan contra las cuerdas. Su gobierno está desacreditado. El antifujimorismo principista le ha extendido partida de defunción y los pocos cuadros que le quedan irán desfilando con sus renuncias. Su presunta reconciliación es una estafa política para quienes lo eligieron y lo sostuvieron para impedir que los fujimoristas ganaran el poder.

Su reconciliación es un inadmisible cogobierno con el fujimorismo. Hacer política no es engañar ni arreglar bajo la mesa. Las protestas masivas lo descalifican moralmente. PPK confía en que el fujimorismo lo sostendrá. Y podría ser así por un tiempo, o por gratitud, que no existe en política, sino por cálculo. Apuesta con sus nuevos amigos a un escenario de cortísimo plazo que se desmoronará el día en que las investigaciones demuestren responsabilidad y posible corrupción en PPK para favorecer a Odebrecht y beneficiarse.

No hay relanzamiento posible. PPK debe renunciar en favor de Martín Vizcarra quien con un gabinete de unidad nacional podría jugar frente al fujimorismo fortalecido con la libertad de su líder aunque amenazado por la posible prisión preventiva para Keiko Fujimori. Veremos.