Sigamos en el combate, sigamos la lucha democrática

 

En estos tiempos difíciles por los elevados índices de corrupción en el país, ha pasado desapercibido el reciente y justo homenaje rendido, en la sede del Colegio de Abogados de Lima, al doctor Héctor Cornejo Chávez en ocasión del centenario de su nacimiento, uno de los escasos ciudadanos probos que se cuenta en la historia republicana de la nación.

¿Por qué? Es una interrogante que habría que descifrar, más aún cuando se trata de quien en vida fue ilustre jurista, excepcional académico universitario, político y en sus años mozos, periodista en su natal Arequipa.

La lectura de la carta del doctor Carlos Fernández Sessarego, en este acto de quien nació el 15 de noviembre de 1918 y falleció el 11 de julio de 2012, dejando huellas indelebles de hombre decente, retrata de cuerpo entero lo que la gran mayoría nacional piensa sobre él. “Cabe resaltar en los tiempos que vivimos, donde la corrupción nos acecha- señala el maestro Fernández Sessarego- la figura de Héctor Chávez Cornejo como un hombre honesto, como el líder de las “manos limpias” como se le conocía en su momento”.

Embargado por el dolor que le causa esta etapa cargada de inmoralidad, el también maestro universitario hace un llamado para seguir el camino trazado por Cornejo Chávez, haciendo recordar que fue un ejemplo de líder comprometido y entregado a la tarea de defensa de los justos intereses de las mayorías ciudadanas. “Sigamos en el combate” demanda el autor de esas líneas.

Y es verdad que es menester tomar al pie de la letra lo que nos dice, cuando se percibe una suerte de desfallecimiento de la fe y de la esperanza, entre jóvenes y adultos. Tanto está golpeando en el sentimiento nacional la acción perversa de la corrupción que hoy en día corrompe malignamente la acción política y se ha constituido en obstáculo para recuperar los principios y valores de una doctrina abierta y viva, que sea más una antropología que una metafísica, en el sentido tradicional y peyorativo del término.

Es cierto, no queda otro camino que seguir en el combate. Cornejo Chávez decía en las tribunas y en las plazas públicas que: “la acción política es una lucha del hombre por el hombre y que para que esa lucha sea válida y eficaz, conviene saber lo que es el hombre y cuál es la humanidad que la acción política debe promover”.

Quizá quienes debieron hacer suyo ese mensaje en su momento lo han olvidado o han traficado con una falsa interpretación, vendiéndose por un plato de lentejas. La verdad, empero, es clara. No hay política que no suponga implícitamente una cierta idea del hombre, idea muchas veces falsificada y mutilada, de donde se deriva una perversión de la política.

No tenemos por qué ocultarlo. Los individualismos neoliberales o los totalitarismos de derecha o de izquierda, han causado muchos estragos en la historia del país. Cornejo Chávez lo repitió, incesantemente, que tal perversión de la política ha causado daño irreparable porque tenía una falsa concepción del hombre y de la sociedad, individuo abstracto, desenraizado en una sociedad de competencia, o el hombre medio e instrumento de una sociedad que no es sino una construcción anónima e impersonal.

Sigamos en el combate, que es más que un simple llamado de lucha para afirmar los valores y principios de la democracia. Sigamos en el combate para borrar toda iniciativa que engendra inhumanos horrores y que se vienen multiplicando en este siglo. La corrupción es uno de ellos, esa lacra que se defiende con las armas del cinismo, de la hipocresía, de la falsedad, la avaricia y de la traición a los derechos fundamentales de la persona humana. La lucha democrática es, por tanto, una lucha contra las sociedades y las ideologías que deshumanizan al ser humano.