Sonríe y el mundo sonreirá contigo

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El Perú es un hermoso país, con gente amable y con un buen sentido del humor, así que esta colección de bromas harán que tengas un buen momento, recordemos que no tienen nada que ver con otros  aspectos, solo es humor y al igual que otras, no deben tomarse para nada en serio. Muy por el contrario. Sonríe y el mundo sonreirá contigo

Un payaso le pide un aumento de sueldo a su jefe y este le contesta:
– ¡Qué bueno, veinte años trabajando juntos, y esta es la primera vez que me haces reír!

Le pregunta el jefe a un empleado:
– ¿Por qué siempre llega usted tarde?
– Lo siento señor, es que tengo un problema de espalda…
– ¿Tiene mucho dolor?
– No, ¡el problema es que me cuesta mucho despegarla de la cama!

Esto es uno que entra en una tienda de pinturas y pregunta:
– Oiga, perdone, ¿tiene pintura color azul oscuro?
– ¡Claro!
– Claro no, he dicho azul oscuro…

– Oiga jefe, auménteme el sueldo. Tenga en cuenta que hay cuatro empresas detrás de mí.
– ¿Ah sí? No me diga, ¿y cuáles son?
– La del agua, la luz, el gas y el teléfono.

Llega un hombre a una fábrica buscando trabajo, y el gerente le dice:
– Lo que pasa es que aquí hay poco trabajo.
– ¡Justo es eso lo que ando buscando!

– Sí, González, ya sé que el sueldo no le alcanza para casarse pero créame, algún día me lo agradecerá…

– Oye, ¿y tú a qué te dedicas?
– Soy payaso.
– ¡Anda, pues hazme reír!
– Sí claro, ¿y tú a qué te dedicas?
– Yo soy político.
– Anda, pues haz… bueno, ¡mejor no hagas nada!

El jefe le dice a la secretaria:
– Oye, ¿pero a ti quién te ha dicho que puedes pasarte dando vueltas todo el día sin trabajar, sólo porque nos acostamos una noche?
– Mi abogado…

– Juan, ¡cuánto tiempo! ¿Terminaste la carrera de ingeniería?
– Sí, ¡con matrícula!
– Muy bien, ¡me alegro un montón! Mira ponme un BigMac con cocacola y patatas grandes.

Llaman a la puerta y es un técnico del ayuntamiento.
– Perdone, pero vamos a proceder al derribo del edificio contiguo.
– ¿Conmiguo?

El que sabe sabe, y el que no… es jefe.

El jefe regaña al empleado recién contratado que ha llegado tarde el primer día de trabajo:
– López, debería haber estado usted aquí a las nueve.
– ¿Por qué? ¿Qué pasó, me he perdido algo divertido?

-¿De qué trabajas?
– Mato zombies.
– Anda ya, pero si eso no existe.
– ¿Alguna vez has visto alguno?
– No.
– Los he matado todos.

¿Sabes cuál es el animal más rápido?
– No, ¿cuál?
– El funcionario, porque sale de trabajar a las tres y a las dos y media ya está en casa.

-¿Usted es el soldado que protesta por un poco de tierra en la comida?
– Señor, sí señor.
– Pero vamos a ver… ¿usted vino al ejército a servir a su país o a protestar?
– Yo vine al ejército a servir a mi país, no a comérmelo, señor.

– Toc, toc…
– ¿Quién es?
– Testigos de Jehová
– Pasen. ¿Qué quieren?
– No sé, nunca nos habían dejado pasar.

– Toc, toc…
– ¿Quién es?
– El que vende uvas.
– ¿Y pasas?
– Pues si me abre sí.

¿Cuál es el colmo de un electricista? Que su esposa se llame Luz y sus hijos le sigan la corriente.
¿Cuál es el colmo de un ciego? Enamorarse a primera vista.
¿Cuál es el colmo de un sordo? Que al morir le dediquen un minuto de silencio.
¿Cuál es el colmo de un calvo? Tener ideas descabelladas.