Expectativa electoral

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La ciudadanía está expectante sobre los resultados de las elecciones presidenciales, así como de los representantes a la Cámara de Diputados y del Senado de la República. El día 12 de abril próximo es la fecha fijada y todo indica que no habrá un ganador absoluto. Por tanto, el órgano que conducirá el proceso hasta su definición, tendrá que convocar a una segunda vuelta.

La treintena de candidatos al sillón de Pizarro se prodigan en estos momentos lanzando sus mensajes por los medios de comunicación, manifestaciones en las plazas públicas y caravanas de ayayeros, unas más visibles que otras, entre los que tienen las alforjas llenas de billetes reparten camisetas, gorras y hasta alimentos y medicinas, cosa que está prohibida pero que, sin embargo, hasta ahora el Jurado Nacional de Elecciones se hace de la vista gorda.

Aún no sé sabe quien llegará en primer lugar, pero todos defienden con ardor su postulación, aunque muchas veces recurriendo al insulto, al agravio, cuestión que no tiene nada de democrática y, más bien, se acerca mucho a las peleas callejoneras, con el perdón de la palabra y sin ánimo de faltarle el respeto a su humildesmoradores. Unos a otros no pierden tiempo en acusar a sus ocasionales contrincantes faltos de ideas, de ignorancia supina, sobre los problemas políticos, económicos y sociales que hoy enfrenta la ciudadanía. Dicen tener a la mano la solución y repiten lo que en tiempos pasados hicieron sus antecesores. Ignoran, sin embargo, que estos cuentos chinos ya no se los cree nadie. Eso de que con ellos vendrá el milagro de la redención de los más pobres, que habrá salud, dinero y amor en forma prodiga y abundante y que el Perú obtendrá tal desarrollo, que será la envidia de los países más ricos del mundo, no pasa de ser una gran mentira. Y es que la ciudadanía, ya no acepta tanta falsedad. Se encuentra escaldada de hechos como los que recientemente protagonizaron el joven Jerí y ahora el viejo Balcázar, que es imposible, que se deje tomar el pelo o peor que alguien le ponga el dedo en la boca. Desde aquí esperamos que hoy más que nunca es menester usar el cerebro para emitir un voto realmente pensante.

Ni bien, ni mal

Foto Andina