Terminó el periodo del derecho al pataleo, dejando murmuraciones, quejas y, para los agraciados, sonrisas plenas de alegría.
Ahora ya se sabe que se avecinan nuevos conflictos. Esto a partir del próximo 28 de julio, cuando juramenten los 60 integrantes del Senado de la República, sin dejar de lado las pugnas que se producirán en la llamada Cámara Baja, o sea, la Cámara de Diputados.
Hacemos especial mención a lo que podría suceder en el Senado, que se instalará sin que exista una mayoría absoluta, lo cual hace predecir que en dicha sala congresal habrá necesidad de reflexiones, meditaciones y, también, como en los viejos tiempos, de recordar aquello que los senadores acostumbraban a repetir: “hablar no significa pactar”. Frase feliz, pero que no siempre se cumplía, ya que servía con frecuencia para acuerdos y otros arreglos por debajo de la mesa.
En aquellos tiempos lejanos, igualmente, no era extraño que en el trabajo de comisiones más de un senador se ausentara a último momento para dejar sin quórum a los deliberantes, cuando estaban de por medio asuntos que no convenían a los intereses particulares. La reflexión se transformaba en mañosería. Por eso mismo, ahora, no creemos que desaparezca tan mala costumbre, dejando de lado los auténticos y urgentes problemas que afectan la vida en democracia de nuestro país.
A pesar del tiempo, sin embargo, veamos el futuro con optimismo; ojalá el exceso de confianza no mate los excesos de esperanza, como ocurrió con Palomino.
Foto Andina
