Cada vez es más visible la presencia de la mujer peruana en el quehacer político, con especial relevancia en los Poderes del Estado. Este es el caso de la presidenta del Poder Ejecutivo, Keiko Sofía Fujimori, y de la presidenta del Poder Judicial, Janet Tello Gilardi. En la reciente celebración del Día del Juez, ambas cumplieron con la importante representación que les corresponde. La presidenta de la Corte Suprema abogó por la autonomía del Poder Judicial en la toma de decisiones que tienen que ver con la administración de justicia, sin interferencias, sin excesos de otra índole que pudieran afectar tan delicada obligación de carácter institucional. La primera, a su vez, tuvo palabras cordiales asegurando su respeto para que la justicia mantenga su independencia y autonomía. En pocas palabras, una y otra tuvieron frases que marcan pauta, como se espera, sobre los nuevos rumbos que debe tener todo régimen democrático. Es lo ideal y sería bueno que se practicara tal cual se ofrece, pues es un anhelo largamente soñado por la ciudadanía.
Si nos remitimos a la historia del país, vamos a encontrar una notable presencia de la mujer en la vida pública. Casos emblemáticos son los de mujeres con protagonismo como Micaela Bastidas, María Parado de Bellido, Francisca Zubiaga y Bernales —conocida como la «Mariscala»— y Antonia Moreno, quien se jugó la vida en múltiples oportunidades durante la resistencia patriótica en la infausta guerra del Pacífico, entre otras tantas, inclusive de humilde condición social y económica, que se inmolaron entregando sus vidas por la causa de la soberanía e integridad territorial.
En este siglo XXI existen asomos interesantes, aunque, claro, sin la trascendencia de otras épocas, pero alentadores, porque la participación de la mujer debe darse con mayor frecuencia, dadas las constantes crisis políticas, económicas y sociales en los espacios que permiten la democracia, en este país maltratado. Aunque con ciertas neblinas de los opositores, la mujer peruana está dando muestras de talento en el desempeño de las complejas actividades del quehacer político. Es evidente, con diferentes gradaciones, que no han faltado quienes han tenido sus resbalones, pero eso no pasa de ser ocurrencias en las que cae todo ser humano. Lo trascendente está en que hoy por hoy ellas están ganando espacio propio, y corresponde alentar esto, porque así ocurre en países más desarrollados y lo mismo debe suceder en el nuestro. Es un derecho fundamental de cuantos tienen carta de ciudadanía. No hagamos caso a quienes repiten aquello de «mujer al volante, peligro constante». Esa es una frase propia del humor creativo y nada más.
Foto Andina
