El malestar de la ciudadanía como consecuencia del incumplimiento de las promesas gubernamentales de ponerle freno en dos semanas a las bandas criminales que asolan el territorio nacional, de la precariedad de las acciones que permitan mantener la calma ante los fenómenos de la naturaleza, como es el caso de El Niño Costero y de El Niño Global, y también del alza del costo de vida, en algunos casos por factores externos y en otros por factores internos, se ha convertido en la explicable frustración frente a un régimen gubernamental que entusiastamente inició su gestión el pasado 28 de julio.
Los asesinatos a plena luz del día, atribuidos a secuaces, en su mayoría venezolanos, han dado lugar a que la inseguridad ciudadana parezca imposible de resolver. Allí no se agota la presencia de la criminalidad; en realidad, esta reviste una peligrosidad mayor, si se tiene presente lo que está perpetrando la minería ilegal en la región andina y en la región amazónica. Se trata de la invasión de grupos organizados y con gran solvencia financiera, que están haciendo lo que les da la gana para apoderarse de los yacimientos de oro y otros metales preciosos, con el agravante de que todo lo extraído sale al exterior, con la misma liberalidad con la que actúan los carteles que se dedican a la comercialización de la cocaína. Sobre este grave problema, del que, antes de las elecciones presidenciales, se afirmaba que su solución era de rápido trámite, hay mucho que decir, sin dejar de lado la posibilidad de corrupción de parte de algunas autoridades de todo nivel, la negligencia a la hora del combate y las excusas de falta de equipamiento, que son lo más recurrente cuando en realidad falta competencia adecuada.
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Los fenómenos de El Niño Global y El Niño Costero ya están presentes y causando daño a la vida y al patrimonio familiar, sobre todo en el norte del territorio nacional, en medio de un espectáculo inhumano con ministros que no dan la talla para asumir la gestión a la que están comprometidos. Es cierto que se advierte cierta movilización de puentes mecanizados, pero, por otro lado, se observa también un descuido en la descolmatación de ríos importantes que atraviesan los centros poblados y cuyas aguas han comenzado a invadir las urbes de alta densidad poblacional. Es de desear que las promesas de los ministros se cumplan y que el Gobierno reaccione no solamente con palabras, sino con hechos, tal como se esperaba.
Esta situación está impactando en el sentimiento ciudadano, sobre todo en los sectores menos favorecidos, debido a que el alza de la canasta familiar está causando amarguras en medio de la impotencia de quienes perciben un salario que les imposibilita atender las necesidades del pan de cada día. Hay desconcierto y una protesta silenciosa que se traduce en el rechazo al Gobierno que preside la señora Keiko Sofía Fujimori, con una impopularidad que debe aumentar si la gente de Palacio de Gobierno no reacciona con medidas de las que no todas dependen de facultades legislativas. Basta con escuchar a muchos que hoy se preguntan, con relación a la debilidad de la gobernanza: «¿Qué fue de tu belleza?, ¿qué fue de tu hermosura?», trayendo a colación las promesas que ilusionaron a muchos en la etapa electoral.
Foto Andina
