Mancheta: de todo como en botica

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Esta frase recurrente que data de los viejos tiempos, cobra ahora actualidad después de escuchar a la veintena de los postulantes que pugnan por hacer suyo el sillón de la alcaldía metropolitana de Lima. Cada uno, a su manera, con voz calma en algunos casos y en otros con voz enérgica, ha dado a conocer sus planes para mejorar la vida de los vecinos de la capital de la República. Al menos se nota entusiasmo, al igual que desenfado para prometer lo que con frecuencia es imposible en las actuales circunstancias.

Decimos lo anterior porque ellos saben o por lo menos deben estar enterados de que el municipio limeño no tiene un centavo en sus arcas. Por el contrario, tiene deudas por pagar, le debe a uno y mil acreedores, incluyendo los juicios que se vienen manejando en el campo internacional, y que, de perderse, como así lamentablemente se espera, habrá que pagar millones y millones por concepto de reparación a los afectados.

Soñar no cuesta nada. Resultaría inusitado ver el cielo limeño con líneas aéreas, por donde transitarían las redes funiculares, con lo cual quedaría resuelto el drama de la congestión vehicular tradicional.

Sería extraordinario que se realizaran las reformas urbanísticas, haciendo retornable el derecho a la convivencia con parques y jardines para todos los gustos y en todos los barrios.

La justificada desilusión con la gobernanza

Qué grande sería el entusiasmo vecinal si se pudiera poner fin a la terrible ola de criminalidad, que en realidad es tarea del gobierno central. Salvo excepciones minoritarias, las ofertas de los candidatos en su mayoría no pasan de ser fruto del oportunismo, el afán figureti e ignorancia supina de lo que significa presidir el gobierno eminentemente vecinal y dentro de los parámetros que señalan la gestión municipal, como la misma Constitución política del Estado.

No corresponde a la gobernanza edilicia anteponerse o cruzarse con la tarea de los poderes del Estado. En cambio, sí es de su obligación darle a Lima la belleza de los parques y jardines, el ornato en suma, la limpieza pública, el control de mercados y centros comerciales, la cultura y la educación complementarias de la tarea de una formación donde cada quien es respetado en la dimensión de la dignidad humana. Los tiempos de Federico Elguera, Héctor García Ribeyro, Luis Bedoya Reyes, Alberto Andrade Carmona ya pasaron. En esta lista deberíamos también incluir a Luis Miró Quesada de la Guerra y a Ricardo Belmont Cassinelli, sin que signifique hacerle «patería» al hermanón, quien debería jubilarse y vivir de sus gratos recuerdos en la obra vecinal.

Para terminar solamente nos queda recordar que en octubre hay milagros y ojalá la gran Lima sea beneficiada con la bendición del Señor.

Debate político: no debe haber mezquindad

Foto composición Andina