Amplían vigencia de DNI vencidos: medida clave para elecciones

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En el Perú, la identidad parece tener una fecha de vencimiento administrativa, pero una inmortalidad política. La reciente resolución del Reniec que permite sufragar con el DNI caduco este 12 de abril de 2026 es, antes que una facilidad, un síntoma. Nos dice que somos una nación que arrastra sus pendientes hasta la puerta de la urna. Con más de 1.8 millones de ciudadanos portando un documento que legalmente «ya no es», el Estado se ve forzado a suspender la realidad para no dejar a la deriva a una masa crítica que podría definir, por estrecho margen, quién se sienta en Palacio de Gobierno.

Esta medida no es una novedad, sino una tradición de nuestra precariedad. Al prorrogar la vigencia «solo para efectos del sufragio», el sistema crea un ciudadano con poder suficiente para elegir a senadores y diputados, pero que carece de validez para cobrar un cheque o firmar un contrato al día siguiente. Esta esquizofrenia burocrática revela una jerarquía de urgencias donde la legitimidad del proceso electoral prima sobre el orden registral, dejando en evidencia que el padrón electoral es, en el fondo, un censo de supervivientes del sistema de trámites.

Desde el análisis histórico-educativo, la cifra de 1.8 millones de DNI vencidos es un dato alarmante que cuestiona la eficacia de nuestras campañas de renovación. A pesar de los esfuerzos por transitar hacia el DNI electrónico 3.0 con incentivos de 30 soles, el ciudadano promedio parece mantener una relación de «extrema necesidad» con su identidad oficial. Se renueva porque se obliga, no porque se comprenda la importancia de la actualización de datos en una era digital. La duda aquí es si el incentivo económico es suficiente para vencer la inercia de una población acostumbrada a la prórroga de última hora.

La logística de las elecciones generales 2026, con un padrón de más de 27 millones de electores, no permite purismos. El JNE y la ONPE necesitan que la maquinaria funcione, y el Reniec, al oficializar la Resolución 000030-2026, simplemente evita el colapso. Sin embargo, este «borrón y cuenta nueva» temporal debilita la cultura de la formalidad. Si el documento vencido sirve para lo más sagrado de la democracia —el voto—, el argumento del Estado para exigir la renovación en tiempos de paz social pierde fuerza y autoridad moral ante el administrado.

Elecciones 2026: Reniec informa que se podrá votar con DNI caducado este 12 de abril

Por otro lado, la coexistencia de versiones 1.0, 2.0 y el nuevo estándar 3.0 en las mesas de sufragio convertirá la jornada en un muestrario de la evolución tecnológica del país. Es un palimpsesto de nuestra historia reciente: desde el DNI azul que se resiste a morir hasta el chip de última generación. Esta diversidad de formatos en las urnas refleja también la fragmentación social de un Perú que camina a distintas velocidades, donde conviven la vanguardia digital y el olvido de quienes llevan su identidad vencida en el bolsillo.

Al final del día, el 12 de abril será una tregua. Los «caducos» recuperarán su voz por unas horas para decidir el destino de la República y el Parlamento Andino. Pero una vez depositada la cédula, el hechizo se romperá y volverán a la sombra de la irregularidad. La gran pregunta que queda para la reflexión es hasta cuándo la democracia peruana dependerá de estos parches para sostenerse. Por ahora, el derecho al voto gana la partida, demostrando que, en política, lo que está muerto puede resucitar si hay una elección de por medio.

Foto AndinaVideo TV Perú