Tras quedar eliminado por penales ante Sporting Cristal en las semifinales de los playoff, Alianza Lima cortó su vínculo con el técnico argentino, consumando el fracaso de una gestión que comenzó con promesas y terminó en la ignominia.
La escena fue demoledora. Matute enmudeció, no de asombro, sino de cólera pura. Alianza ganaba 3-1, Sporting Cristal igualó 3-3 en tiempo reglamentario y ganó 5-4 en los penales. En noventa minutos de incompetencia táctica, Néstor Gorosito convirtió una victoria que parecía trámite en la pesadilla más cruel para los victorianos. No fue casualidad. Fue el epílogo de un año plagado de errores que la afición había tolerado pacientemente, pero que en este momento —precisamente aquí, en este escenario— se volvió insoportable.
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Los errores que lo condenaron
Gorosito no logró controlar las constantes expulsiones de futbolistas como Carlos Zambrano y Renzo Garcés, una debilidad disciplinaria que expuso su incapacidad para gobernar el vestuario. Pero eso fue solo la superficie. El verdadero problema residía en sus decisiones en campo. Los cambios dispuestos por el técnico, que la prensa deportiva consideró desacertados, permitieron que el rival tomara la iniciativa y anotara dos goles cuando todo estaba resuelto. No fue inspiración rival; fue negligencia local.
Durante todo 2025, la interna del club se debilitó por desavenencias en sus filas que Gorosito no pudo controlar. Un técnico que no puede mantener cohesión grupal cuando los resultados comienzan a fallar está condenado. El equipo registró 28 victorias, 15 empates y 12 derrotas en 55 partidos, cifras que reflejan irregularidad extrema. Pero más allá de los números, estaba el patrón: caídas inexplicables en momentos clave, equipos que no sostenían ventajas, replanteos que nunca llegaban a tiempo.
El fracaso institucional
Lo más grave: la eliminación en los playoffs dejó a Alianza en la Fase 1 de la Copa Libertadores 2026, cuando el club estaba diseñado para competir como Perú 2. No fue incompetencia momentánea; fue la culminación de un proceso de deterioro. Gorosito no ganó títulos. Aunque su participación en competiciones internacionales tuvo episodios destacados —la fase de grupos de Copa Libertadores, los cuartos de Copa Sudamericana—, su verdadero trabajo ocurría donde menos lo hizo: en controlar el juego, imponer regularidad, mantener la disciplina.
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Luego de la derrota, Néstor Gorosito no acudió a la conferencia de prensa. Silencio absoluto. El marcador lo dijo todo.
El adiós inevitable
Una hora después de la caída frente a Sporting Cristal, se conoció que Néstor Gorosito no continuaría en Alianza Lima. La directiva ejecutó la cláusula de salida. Pese a que había renovado en octubre —creyendo que podía ser diferente—, nadie pudo ignorar que los objetivos fundamentales no se cumplieron. El experimento del «Pipo» terminó donde debía: desterrado, cuestionado, recordado solo por lo que pudo haber sido.
Matute cierra un año de contradicciones. Alianza Lima empieza de nuevo. Gorosito ya es historia.
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¿Qué espera a Alianza en 2026?
La pregunta que retumba en Matute es incómoda: ¿podrá el club victoriano recuperarse de este golpe institucional? Empezar la Copa Libertadores desde la Fase 1, sin el técnico que renovaron hace apenas dos meses, sin la brújula que debería guiarlos, es un castigo que apenas comienza. La búsqueda de nuevo entrenador será crucial. El plantel necesita reinvención. Y la afición, que ya soportó demasiado, exige resultados que reclamen el honor perdido en una noche de diciembre que quedará grabada en la memoria negra del club.
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