El fútbol peruano registró entre 1927 y 1949 una serie de formaciones ofensivas que definieron el estilo de juego de Alianza Lima. La revista Equipo documentó en agosto de ese año un análisis técnico de estas líneas atacantes, destacando su evolución desde el denominado «Rodillo Negro» hasta las delanteras que incorporaron elementos tácticos del fútbol internacional. Este periodo marcó la consolidación del club íntimo en el escenario nacional.
La delantera de finales de los años 20 estableció las bases del juego aliancista. José María, Magallanes, Fuente, Villanueva y Morales conformaron una línea que popularizó el «canote», término usado para describir el regate individual y la habilidad técnica característica del fútbol criollo. Esta formación alcanzó el título nacional en 1927 y 1928, periodo en que Alianza no contaba con rivales directos en el torneo local.
El Rodillo Negro y su dominio nacional
Alejandro Villanueva representó el punto de quiebre en la historia ofensiva aliancista. Su incorporación al equipo en la década de los 30 coincidió con una serie de campeonatos consecutivos. Destacó por su potencia física y capacidad goleadora, elementos que contrastaban con el juego de toque tradicional del conjunto blanquiazul.
La delantera con Villanueva como referente demostró efectividad en giras internacionales. En Chile, el conjunto aliancista obtuvo resultados favorables ante equipos locales, consolidando su reputación continental. Esta etapa marcó la transición del fútbol peruano desde un estilo basado exclusivamente en la habilidad individual hacia un modelo que incorporaba la contundencia física como elemento táctico válido.
Renovación táctica en los años 36 y 39
La formación de 1936 integró jugadores provenientes del Sport Boys, generando una fusión entre la tradición aliancista y los conceptos tácticos que el club rosado había desarrollado. Figuras como Alcalde, Barbadillo, Campolo, Álvarez y Baldovino se incorporaron a una estructura que mantuvo el «Rodillo Inmortal» como eje central.
La denominada «Delantera Olímpica» surgió de este proceso de renovación. Quiñóñez, Tito Morales, Caricho y Cazulo completaron una línea que equilibró habilidad técnica y efectividad goleadora. Su desempeño en competencias internacionales, particularmente ante Finlandia y Austria, posicionó al fútbol peruano en el contexto sudamericano de élite.
Entre 1940 y 1949 surgieron otras formaciones destacadas en el fútbol local. La delantera del Municipal de 1939 con Quiñóñez, Bielich, Espinar, Caricho y Magán, la del Sporting Tabaco de 1942 con Julio Morales, Alcázar, Roberto Morales, Hesren, y Vallejos, el Sport Boys de 1944 con Hurtado, Barbadillo, Mazzi o Valdivia, Baldovino, y el Universitario de Deportes de 1944-1945 con Villalba, Castro, “Lolo”, Espinoza y “Lolin” representaron la diversificación táctica del torneo peruano. Estos equipos adoptaron variantes del sistema WM inglés, modificando el tradicional esquema ofensivo criollo.

Un registro particular fue la delantera del combinado Sucre-Alianza ante Racing en un encuentro histórico. Esta formación, integrada exclusivamente por jugadores afrodescendientes, incluyó a María, Barbadillo, Aparicio, Gómez Sánchez y Pedraza. Su desempeño ilustró la capacidad técnica del fútbol local en encuentros de alto nivel goleador.
