Los primeros resultados en el largo itinerario para alcanzar la gloria que significa ser el mejor equipo del mundo están demostrando que el fútbol no solamente es el deporte más popular del planeta. Sino que, además, el torneo está exponiendo un grado de desarrollo que va más allá de las fronteras de Europa y de América Latina.
Lo exhibido por los seleccionados de África y Asia constituye una gran sorpresa que, aunque esperada, significa igualmente una lección para países como el nuestro, en donde, a pesar de los diversos esfuerzos, a la fecha solo hemos logrado el conocimiento básico de calzarse los chimpunes, dominar la pelota y nada más. Todavía estamos en pañales frente a la calidad exhibida por quienes están jugando en Canadá, Estados Unidos y México.
La exhibición de jugadores que marcan la diferencia es enorme. En la cancha se advierte la presencia de verdaderas nuevas generaciones, algunas en formación y otras en pleno desarrollo en cuanto al talento, la habilidad, el conocimiento y el cuidado de la salud. Esto quiere decir que, si no cambian los métodos empleados en estas tierras, el fútbol peruano seguirá soñando y frustrando las expectativas de esa enorme legión de compatriotas que desearían que algún día nuestras selecciones jueguen de igual a igual con los conjuntos europeos o, por lo menos, con los equipos emergentes. Estos últimos son una muestra más de lo que significa el desarrollo de una actividad tan necesaria para fortalecer el sentimiento nacional como lo es el balompié.
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