El pueblo soberano debe decidir su futuro democrático

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Ese caminante que es el pueblo peruano llega, con cierta fatiga, al final de ese largo recorrido que se llama afirmar los valores y principios de una democracia, la cual le convoca a cumplir con sus deberes para obtener derechos. Esto ocurrirá este domingo 7 de junio, fecha, por lo demás, emblemática en la historia del Perú.

Nos estamos refiriendo a la elección de quien debe asumir la presidencia constitucional de la República. El pueblo soberano tiene, dentro de sus facultades, tal tarea. Ha ido caminando desde hace meses, haciendo camino, como dice el poeta, «camino al andar». Y la verdad, más allá de saltos y sobresaltos, lo ha efectuado muy bien. La prueba está en que quienes llegan a esta segunda vuelta son quienes más se han esmerado en tener ese logro. En estos momentos se han hecho merecedores de un premio muy singular: el del respeto del pueblo soberano. Las adhesiones de las diferentes corrientes políticas así lo ratifican.

Para rubricar el andar con un final feliz, corresponde ir a las urnas sin complejos, sin olvidos y sin discriminaciones. El pueblo soberano debe levantar en lo más alto la bandera de la democracia, aquella que es emblema de un pueblo con dignidad; ese pueblo con ciudadanos que aspiran a una vida más justa, a una convivencia sin desigualdades ni marginaciones. Por una razón elemental: todos los peruanos tienen derecho a participar de la riqueza nacional que les pertenece, de oportunidades adecuadas para acceder a su plena realización y, a partir de un nuevo ciclo gubernamental, exigir el cumplimiento de las promesas dentro de los marcos constitucionales. Esperamos que así sea el inicio de una real democracia, donde el progreso vaya de la mano con la atención de las más urgentes necesidades de un pueblo que lo ha dado todo y que, a la fecha, es muy poco lo que ha recibido.

Jura usted decir la verdad…y solo la verdad

Foto ONPE