Jura usted decir la verdad…y solo la verdad

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Esta frase tan conocida en los tribunales de justicia debería ser tomada en cuenta por cuantos ejercemos la profesión de periodista. Lamentablemente no es así. Hay personas, en muchos casos con reconocida solvencia cultural, que hacen las veces de comentaristas de asuntos tan importantes como el complejo mundo de la política. Estas personas, sin embargo, más que guardar un equilibrio razonable para expresar sus puntos de vista, por lo general inclinan sus expresiones hacia el lado que favorece sus intereses políticos o económicos. No conocen u olvidan que el periodismo es un bien social y que, por ese motivo, emitir opiniones es de suma trascendencia para que la ciudadanía tome conciencia de sus derechos y obligaciones.

Faltan pocas horas para que la colectividad electoral elija al nuevo presidente de la república. Es todo un misterio saber de antemano quién se sentará en el sillón de la primera magistratura del país. No está mal que cada quien tenga su propio corazoncito, pero es indispensable que este no tenga latidos tan fuertes que puedan causar daño a terceros. Sabemos que es imposible y, sin embargo, creemos que sería más correcto que mostraran abiertamente sus simpatías por determinada candidatura. Eso sería lo correcto porque el derecho a la libertad de opinión se corresponde con los valores de la ética periodística, que es lo que más falta hace en este país. Basta de hipocresía; actuemos en el momento de informar y de opinar manteniendo en alto el deber de comunicar con verdad e imparcialidad. Ya lo dijo hace años un viejo hombre de prensa: «El periodismo, según como se ejerza, es la más noble de las profesiones o el más vil de los oficios».

 

 

 

Mancheta: la trascendencia de la palabra en un debate político