Estos son tiempos preocupantes que mantienen en vilo a los ciudadanos de este hermoso país que es nuestro querido Perú. Todo por culpa del “gordo costero”, quien no ceja en su pataleo desde antes, durante y después de las recientes elecciones. Si mal no recordamos, ya había comenzado con sus protestas objetando a sus posibles contrincantes. Este mismo episodio se repitió durante el escrutinio en el que participaron, según la propaganda, los electores con su «voto responsable». En realidad, no fue tan así: ante el tremendo papelote de la cédula electoral, no faltaron quienes optaron por votar nulo o en blanco, debido a que en contados minutos se debía tomar una decisión ante tantos candidatos a la presidencia y muchos más a diputados y senadores.
La irresponsabilidad fue la constante en determinados momentos dentro de la cámara secreta.
Pero el “gordo costero” las está viendo negras. Evidentemente, la “china costera” lo ha superado largamente y, por si fuera poco, el “costero sureño” a la fecha le saca una ventaja notoria. Lo que quiere decir que al quejoso de hoy —y amenazante de ayer— no le quedará otra que resignarse. No se crea por eso que se encuentra tranquilo; por lo pronto, las aguas del mar electoral están calientes y la temperatura es muy alta. Aunque los observadores internacionales digan lo contrario y confíen en que todo volverá a la normalidad, el “gordo costero” no se calma. Se sabe ganador con el apoyo del voto en el exterior y el sufragio limeño, así que, por ahora, corren las apuestas. Se estima que, para el 15 de mayo, luego de la revisión de las actas impugnadas, se sabrá quiénes ocuparán los dos primeros lugares en este proceso que quedará registrado en la historia política del país. Los vaticinios anticipan, con base en los resultados de las ánforas, que por más que patalee el “gordo costero”, tendrá que aceptar los resultados.
Mala suerte, pues.
