Los candidatos a la presidencia de la República tiemblan, no duermen, se jalan de los cabellos y ya no saben qué prometer a la ciudadanía, cuando faltan pocos días para la justa del 12 de abril.
Ni la hija de Fujimori, ni López Aliaga pueden cantar victoria. Esto a pesar de que la primera dice por altavoz, que pondrá “orden” en todo el país y que durante su mandato la gente podrá hacer de todo, ya no habrá criminales en las calles, por encanto desaparecerán los extorsionadores y la corrupción que justamente alcanzó altos niveles durante el gobierno de su progenitor, pasará al olvido. El Perú según ese sueño, se convertirá entonces en un país donde abundarán los santos, ajenos de todo pecado. Sin embargo, con el escaso 11,9% de electores que creen en ese cuento de hadas, es por ahora imposible saber si pasará a la segunda vuelta. Y otro tanto ocurre con López Aliaga, quien dice que es “un cristiano de derecha”, y que durante su gobierno los pobres pasarán a ser ricos, el pan de cada día abundará en las chozas de los más humildes y que todos viajarán en ferrocarril y aviones a retropropulsión de norte a sur y de la costa a la selva con pasajes a precio de gangas. Lamentablemente a la fecha solamente un escaso 11,7% atraca con ese cuentazo.
Lo anterior tiene asidero si se toma en cuenta que un 57% de ciudadanos están pensando en otras opciones que se van acercando a la primera línea de los favoritos. Ellos son, sobre todo López Chau, que ya tiene a favor un respaldo de 6,5%; Carlos Álvarez con apoyo de un 5% y alguien como Jorge Nieto que, sorpresivamente ya está respaldado por un 4,6% de electores. Pero esto tampoco pueden ser muy optimistas. En primer lugar, debido a que un 43% de los encuestados ya decidió a quién le dará su voto. De la misma manera, y en contraste, las encuestas revelan que un 35% todavía siguen deshojando margaritas y, más aún un 20% no le da importancia a ninguno de los candidatos. En fin, pase lo que pase será divertido saber si el 12 de abril habrá sorpresa o no en la decisión mayoritaria de los ciudadanos. Por ahora nos queda rezar para que San Hilarión haga el milagro de que haya el acierto de una buena elección. Es lo que pide este país acostumbrado a los desengaños y frustraciones.
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