¿Quiere Uruguay llevarse al más grande farsante de la política?

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“¡Alan mentiroso!, “¡Alan mentiroso!”, “¡Alan mentiroso!”…

Ese era el grito que una muchedumbre coreaba en la Plaza San Martín en agosto de 1987 cuando García había anunciado en el mensaje de 28 de julio que estatizaría la banca privada del Perú. ¿Por qué mentiroso? Porque la pregunta sobre la estatización de la banca se la habían hecho en un CADE en Paracas, años antes. ¿Que respondió García? Que no lo haría. Ese fue su compromiso ante las cámaras. Todo el país lo vio. Cuando se le reclamó por la mentira, acuñó una frase que sería su sello indeleble por el resto de su vida: “En política, no se puede ser ingenuo”.

Para que se entienda bien, García nos dijo lo que para él es la política: una actividad donde vale todo para tener el poder. No importa si tu palabra no vale nada, si tu honor y tu buena reputación se desmoronan por la inconsistencia de tus actos. Nada importa. Salvo el poder. Mantenerte poderoso es mantener el control sobre los adversarios políticos. ¿Quiénes son estos? Todos aquellos –ideologìas al margen– que señalen con claridad tus inconsistencias.

El sábado pasado se dictó en contra de Alan García un impedimento de salida del paìs por 18 meses en el marco de una investigación sobre severos actos de colusión y lavado de activos como consecuencia de su segundo gobierno. ¿Qué nos dijo? Que se allanaba a todo, que era el más interesado en profundizar la investigaciòn, que no era un castigo quedarse en su patria. ¿Qué hizo? Salir corriendo a la Embajada de Uruguay alegando una fantasiosa persecución política.

¿Por qué no apela la medida si no le gusta? ¿Dice que se allana y luego se asila? Todos los expresidentes vivos del Perú tienen hoy investigaciones abiertas, medidas restrictivas de la libertad. Tienen vigentes embargos, incautaciones y sus inmuebles han sido allanados. Fujimori, con condena vigente, espera su traslado a la Diroes. A García se le impone la medida menos restrictiva de todas las posibles para salvaguardar la investigación ¿y sale corriendo? No tiene una cuenta embargada, un inmueble allanado o incautado. Nada.

Hay muchos incidentes en la vida política de García que merecen un libro entero. Tal vez un nuevo volumen del recuento hasta 1994 que hizo Pedro Cateriano. Pero hoy quiero recordar una característica impropia de la conducta política de García: es un tremendo mentiroso. Lo fue y lo sigue siendo. No tiene palabra alguna.

Mentir es una conducta sistemática en García. Un mecanismo de defensa. Un reflejo instantáneo para evadir la responsabilidad frente a todo y a todos. ¿Puede ser creíble su explicación sobre sus signos exteriores de riqueza? ¿Un hombre que nunca ha tenido más empleo que los remunerados magramente por el Estado?

Que sepa bien qué se está llevando el Uruguay. Cuando la investigación a García se complete, cosa que sucederá, se conocerá la magnitud del latrocinio que perpetró con Odebrecht. Si el país tiene suerte, con otros más. ¿Eso quiere Uruguay? ¿Llevarse al más grande farsante de la vida polìtica latinoamericana? ¿Con ese baldón internacional va a cargar? ¿Qué país hoy en día acepta ser guarida de ladrones? Probado está que evadió la justicia una vez. ¿Van a facilitarle también la segunda?

Hace unos años entrevisté al expresidente del Uruguay, Julio María Sanguinetti. Me explicó por qué su país no podía darse el lujo de entrar en default de su deuda como lo había hecho Argentina. “Somos un país pequeño –recuerdo que me dijo– y un país pequeño tiene que ser serio o deja de existir”. Esperemos que Tabaré Vásquez honre esa seriedad histórica y sea muy consciente de lo que significa darle asilo a un expresidente investigado por robarle a su propio pueblo. Si no lo hace, el Perú no podrá olvidar esta nueva complicidad. (Rosa María Palacios)

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